COSTA OESTE DE EEUU 3: San Francisco II

5 de octubre de 2018 En nuestro segundo día entero en la ciudad dedicamos casi toda su mañana en hacer el tour a la prisión de Alcatraz. Fue sensacional recorrer esta famosa prisión y conocer alguna de sus historias. Por la tarde fuimos en bus a ver las famosas casas de Painted Ladies, y desde allí hicimos una ruta a pie por los barrios de Haight-Ashbury, Castro y Mission, todos diferentes entre si y cada uno con su propio carácter. Aquel día no nos podíamos dormir, ya que teníamos compradas las entradas para visitar la prisión de Alcatraz, uno de los lugares mas famosos e interesantes de la ciudad. Se encuentra en una pequeña isla situada a menos de 2 km al norte del puerto de San Francisco. Sus orígenes se remontan a una antigua fortaleza militar que se construyó en el siglo XIX, para proteger la entrada de la bahía de San Francisco.
5 de octubre de 2018
En nuestro segundo día entero en la ciudad dedicamos casi toda su mañana en hacer el tour a la prisión de Alcatraz. Fue sensacional recorrer esta famosa prisión y conocer alguna de sus historias. Por la tarde fuimos en bus a ver las famosas casas de Painted Ladies, y desde allí hicimos una ruta a pie por los barrios de Haight-Ashbury, Castro y Mission, todos diferentes entre si y cada uno con su propio carácter.
Aquel día no nos podíamos dormir, ya que teníamos compradas las entradas para visitar la prisión de Alcatraz, uno de los lugares mas famosos e interesantes de la ciudad. Se encuentra en una pequeña isla situada a menos de 2 km al norte del puerto de San Francisco. Sus orígenes se remontan a una antigua fortaleza militar que se construyó en el siglo XIX, para proteger la entrada de la bahía de San Francisco. Mas tarde su uso militar perdió importancia, por lo que a inicios del siglo XX se decidió construir una prisión tras sus muros, en principio para albergar a presos militares. No fue hasta los años 30 en que su administración fue traspasada al Departamento de Justicia, que la transformó en una prisión de alta seguridad. Allí enviaban a los presos mas problemáticos y peligrosos del país (incluyendo a Al Capone). Rápidamente Alcatraz se ganó la fama de la prisión mas dura y estricta del país, de la que era imposible fugarse. Hubo muchos intentos de fuga, pero solo uno triunfó… a medias, ya que aunque los fugados se escaparon de la prisión, no se volvió a saber de ellos y no se sabe si tuvieron éxito o se ahogaron en las frías aguas de la bahía. La historia de la prisión duró poco, menos de 30 años, los escándalos de brutalidad y su gran coste de mantenimiento propiciaron su cierre. Hoy en día, la isla de Alcatraz pertenece al servicio de parques nacionales de EEUU y es uno de los sitios turísticos mas concurridos de San Francisco.
Isla de Alcatraz
Los ferrys hacia Alcatraz parten del muelle 33, y como no quedaba muy lejos de nuestro alojamiento fuimos andando. Nosotros teníamos las entradas a las 9:10 h, pero llegamos con 20 minutos de margen. Aquel era el segundo tour de la mañana (el primero es a las 8:45, pero suele estar muy solicitado), y enfrente del muelle ya se congregaba una cola enorme de gente. Aun así, parecía que estaba bien organizado: tras comprobar que aquella era tu hora, iban llenando sucesivos ferrys con la gente. El viaje no duró mucho, apenas 20-30 minutos, pero valió la pena aguantar el frío de la mañana en la proa del barco: se podían disfrutar de unas vistas inigualables de la ciudad y sobre todo de Alcatraz con el Golden Gate de fondo. ¡Una estampa única!
La isla de Alcatraz, con el Golden Gate al fondo
El ferry descargó su contenido de turistas en un muelle al este de la isla. Allí había unos expositores donde se podía comprar por 1 $ un folleto explicativo en español muy recomendable. Gracias a él pudimos saber que el gran edificio que había frente a los muelles no era ninguna prisión, sino que albergaba cuarteles y apartamentos. Y es que, curiosamente, la mayoría de empleados de Alcatraz vivían allí con sus familias, ya que la prisión se circunscribía a la cima de la escarpada isla. Otra cosa curiosa de aquel edificio era una gran pintada que rezaba “indians welcome”, ya que tras su abandono, la isla fue ocupada por un grupo de activistas de nativos americanos. Dejamos atrás la zona del puerto y flanqueamos los gruesos muros de la antigua fortaleza. Tras ellos encontramos algunos pequeños edificios, como un club de oficiales, una antigua tienda o una capilla. Desgraciadamente, alguno de ellos estaba en ruinas, ya que hubo un incendio que destruyó varios de ellos después del cierre. Se podría decir que fuera de la prisión, Alcatraz era una mini ciudad, con todo tipo de equipamientos para sus trabajadores y familiares.
Edificio de cuarteles y apartamentos, donde se ha conservado la pintada a favor de los indios
Muralla de la prisión y cuartel de la guardia, dos de los lugares mas antiguos
Diferentes edificios civiles de Alcatraz
Subimos por una larga rampa a la cima de la isla, donde se encuentra el imponente edificio de la prisión. Allí nos entregaron una audioguía gratuita en español para seguir mejor la visita. La verdad es que ésta fue muy útil y explicaba cosas muy interesantes. Unas voces en off interpretaban los funcionarios de la prisión, que explicaban su historia y funcionamiento, mientras que otras hacían de presos y contaban sus condiciones de vida e historias humanas. ¡Un 10 a quien lo diseñó! Empezamos la visita por la zona donde se recibía los presos, se los duchaba a conciencia y se les daba su uniforme. Enseguida entramos en el edificio principal de la prisión, que estaba compuesto por cuatro bloques de celdas distribuidas en tres pisos. Las celdas nos parecieron minúsculas, solo había una letrina, una pequeña mesa y un camastro. La audioguía nos iba dirigiendo hacia los lugares importantes, incidiendo en los aspectos mas interesantes de cada lugar o en los hechos que ocurrieron allí. Por ejemplo, en un par de celdas recreaban la única fuga de la prisión, en la que los presos excavaron con toscas herramientas un agujero en la pared por el que iniciaron su fuga.
Sala de recepción de los presos
Interior de la prisión
Prisión de Alcatraz (arriba izq., los presos que hacen de narradores en la audioguía)
Celda de la prisión
Celda de la prisión donde se muestra un agujero como el que hicieron los únicos presos que se fugaron
En un momento la visita nos llevó hacia el patio de la prisión. El hecho de salir al patio era un privilegio que los presos se tenían que ganar con su buena conducta, al igual como trabajar en sus instalaciones o recibir visitas. Otra vez dentro de la prisión, un empleado mostraba a los visitantes las celdas de aislamiento de la mejor forma… encerrando a los voluntarios durante un minuto dentro, donde la oscuridad era absoluta. A nosotros no nos gustó mucho la idea, así que declinamos la invitación. Otra de las zonas comunes mas curiosas era el comedor, que estaba separado de la cocina por barrotes de hierro para evitar el robo de cuchillos. Curiosamente, en un plafón todavía figuraba el menú del último desayuno que se sirvió en la cárcel. A nosotros nos encantó esta visita, porque está lleno de lugares con interesantes historias y gracias a la audioguía se pueden descubrir. Dedicamos unas 2,5 h a la visita, y en total 4 h en hacer todo el tour (incluyendo los trayectos en ferry). Sin duda alguna, la prisión de Alcatraz es un sitio imprescindible en cualquier viaje a San Francisco.
Patio de la prisión
Algunas dependencias: celda de aislamiento (dcha.), lugar de las visitas (arriba izq.) y sala de control (abajo izq.)
Cocina (izq.) y menú del último desayuno servido en la prisión (dcha.)
Lo bueno de Alcatraz es que puedes hacer la visita con tranquilidad, ya que para la vuelta puedes montarte en cualquier ferry. En teoría hay ferrys cada aproximadamente 30 minutos, pero nos dio la sensación que se iban yendo conforme se llenaban. Una vez en tierra el plan era seguir descubriendo nuevos barrios de la ciudad, y nuestro primer objetivo era el barrio Haight-Ashbury. El día anterior habíamos tomado nota de cómo llegar desde el Pier 33, donde nos dejó el ferry de Alcatraz. Primero teníamos que coger el trolley F (una especie de tranvía), que tuvimos que esperar casi media hora (aunque en las pantallas ponía que tardaría 10 minutos) y después teníamos que hacer transbordo para coger el bus 21. Tras mas de 1 hora entre trayecto y esperas llegamos a Haight-Ashbury, un barrio tranquilo y pintoresco. Nos bajamos junto al Alamo Square, donde se encuentra uno de sus elementos mas distintivos y populares, las Painted Ladies. Se trata de una fila de una decena de casas de estilo victoriano pintadas en varios colores. Estas bellas casas forman otra estampa inconfundible de la ciudad y también han salido en muchas películas. De hecho, el término “Damas Pintadas” es genérico para definir su arquitectura, y por todo este barrio es fácil verlas, aunque las el parque Alamo son las mas famosas.
Painted Ladies
Painted Ladies
Como el billete sencillo de transporte que habíamos comprado en el viaje anterior todavía tenía validez (puedes hacer todos los transbordos que quieras en 2 horas), cogimos nuevamente el bus 21 para desplazarnos a otra zona de este gran barrio para ahorrarnos de caminar un poco. Bajamos en la calle Ashbury, una de las arterias principales del barrio, una zona muy residencial con algunas bonitas casas de estilo victoriano. No había mucha vida, pero era agradable para pasear. Nuestro destino era la calle Haight, donde se concentra toda la actividad del barrio. Allí todo eran comercios y gente paseando, y nos pareció sin duda la mejor. La calle tenía poco tráfico, y flotaba en el aire un ambiente relajado, quizás por el carácter hippie que le daban las tiendas de ropa de segunda mano y el olor a marihuana de los porros. Las casas bajas de Haight le daban un ambiente de pueblo, lo que hizo que paseáramos por ella sin pensar en el tiempo. Una vez mas, San Francisco nos obsequió con otro barrio diferente a los demás, y eso nos encantaba.
Confluencia de las calles Haight y Ashbury
Diferentes lugares del barrio de Haight-Ashbury
Cuando bajamos a ver las Painted Ladies ya teníamos un gran agujero en el estómago, pero a lo largo de Ashbury no vimos ni un solo sitio para comer algo. En Haight era lo contrario, podíamos elegir prácticamente cualquier cosa. Nos decantamos por un restaurante de comida rápida mexicana, El Rancho Grande, ya que vimos que aquella hora era happy hour (eran las 3 de la tarde, una hora para almorzar impensable para los lugareños). La oferta consistía en que los tacos normales valían la mitad de precio, así que pedimos uno de carne asada y otro al pastor. Los tacos venían con nachos y los encontramos muy buenos. Junto con una coca-cola, el almuerzo nos salió por 9 $.
Nuestros tacos mexicanos
A continuación caminamos los 2 km que nos separaban hasta Castro, el barrio gay de San Francisco. Una gran bandera arcoíris ondeaba con orgullo en la confluencia de las calles Castro y Market, la cual marca el inicio del barrio hacia el sur. Casi todas las ciudades tienen un barrio gay, pero allí notamos mucho el orgullo de su condición sexual. Era común ver transgéneros llevando ropas llamativas, o comercios mostrando todo tipo de símbolos sexuales en sus escaparates aunque no tuvieran nada que ver con lo que vendían. Nuestro paseo por allí fue corto, pero nos gustó mucho por la originalidad del barrio.
Barrio de Castro
Barrio de Castro, donde los pasos de cebra son arcoíris
De Castro fuimos andando a Mission, el barrio latino por excelencia. El primer lugar al que fuimos fue el Dolores Park, un gran parque que cuenta con una enorme extensión de césped que es un imán para los adolescentes. El nombre de Mission viene de la Misión de San Francisco de Asís, el edificio mas antiguo de la ciudad, que nos acercamos a ver a continuación. Fue construida por franciscanos españoles en el siglo XVIII, y es una de las pocas misiones de aquella época que aún siguen en pie. El edificio de la misión es achaparrado y encalado, se veía en muy buenas condiciones de conservación. Desgraciadamente, ya estaba cerrado, así que no pudimos ver el interior.
Dolores Park
Misión de San Francisco de Asís
Continuamos paseando hacia el sur de Mission, donde se acentúa el carácter latino del barrio. Allí todo el mundo hablaba castellano, todos los comercios estaban rotulados solo en nuestro idioma y se veían muchos puestos de venta callejeros, como si estuviéramos en un pueblo cualquiera de Latinoamérica. Una de las cosas mas curiosas de Mission son sus murales. Éstos decoran algunos edificios y paredes, y su temática suele estar relacionada con el Movimiento Chicano, que lucha por mantener la identidad latina de la comunidad y sin renunciar a sus derechos sociales. Nos acercamos a ver los coloridos murales del Women’s Building, un centro comunitario gestionado por mujeres, y los de Balmy Alley, un callejón que nos pareció un poco sórdido y solitario.
Murales del Women's Building de Mission
Mural de Balmy Alley
La noche empezaba a caer en Mission, así que dimos por concluida la jornada turística del día. Para cenar nuestra intención era ir a la zona del puerto de Fort Mason, ya que todos los viernes por la noche se congregan allí un montón de foodtrucks en un evento gastronómico conocido como Off the Grid (en la web se puede consultar el calendario y las otras ubicaciones donde se hace). Así que cogimos el bus 49 hasta el final, cerca de donde estaba nuestro alojamiento, y nos acercamos caminando. Estaba instalado en un parking vacío y había una gran cantidad de gente. Los foodtrucks y puestos ambulantes ofrecían platos de prácticamente todo el mundo, así que lo difícil era saber qué elegir. Al final nos decantamos por unos momos tibetanos de cordero (8 $) y un gyros griego (12 $). Para beber, cogimos una cerveza artesana del único puesto que venía alcohol (8 $). El único problema es que casi no había sitio para sentarse a comer, y las pocas mesas que había estaban muy solicitadas. Al final pudimos compartir un par de sitios de una, y dimos cuenta de los ricos platos. No nos pudimos resistir en comprar un par de donuts artesanos (7,5 $) de postre, que estaban deliciosos. El Off the Grid nos pareció una idea sensacional para cenar bien, barato y sobre todo original.
Off the Grid
Algunas de las delicatessen que cenamos

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