SRI LANKA 11: ascensión al Pico de Adán (Adam’s Peak)

30 de diciembre de 2016 Aquel día fue uno de los mas agotadores de todo nuestro viaje. De madrugada empezamos la subida al Pico de Adán, una montaña sagrada para muchas religiones. Tras superar miles de escalones, llegamos al templo de la cima para poder contemplar el amanecer del nuevo día. Tras bajar la montaña, nos dirigimos a la ciudad de Hatton, donde descansamos del gran esfuerzo y curioseamos por sus mercados. El Pico de Adán (Adam’s Peak o Sri Pada) es un lugar santo que atrae a millares de peregrinos de muchas confesiones religiosas. Y es que en la cima hay una roca con una misteriosa huella que cada religión interpreta de una forma: para los budistas es la huella de Buda, para los hinduistas es la de Shiva y para cristianos y musulmanes es la de Adán
30 de diciembre de 2016
Aquel día fue uno de los mas agotadores de todo nuestro viaje. De madrugada empezamos la subida al Pico de Adán, una montaña sagrada para muchas religiones. Tras superar miles de escalones, llegamos al templo de la cima para poder contemplar el amanecer del nuevo día. Tras bajar la montaña, nos dirigimos a la ciudad de Hatton, donde descansamos del gran esfuerzo y curioseamos por sus mercados.
El Pico de Adán (Adam’s Peak o Sri Pada) es un lugar santo que atrae a millares de peregrinos de muchas confesiones religiosas. Y es que en la cima hay una roca con una misteriosa huella que cada religión interpreta de una forma: para los budistas es la huella de Buda, para los hinduistas es la de Shiva y para cristianos y musulmanes es la de Adán (su primer paso en la tierra tras ser expulsado del paraíso). Aunque los peregrinos acuden todo el año, la época mas concurrida es la que va de diciembre a mayo, y sobre todo los días de luna llena (hemos leído que hay tanta gente que la ascensión se hace lentísima). Casi toda la gente inicia la subida de los mas de 5000 escalones de madrugada, sobre las 2 h, para tener tiempo de llegar a ver el amanecer y no subir con todo el calor del día. El tiempo de la caminata es obviamente variable dependiendo de la forma física, pero ya podemos avanzar que ésta es agotadora. Nosotros tardamos algo mas de 3 h de subida y 2 h y media de bajada.
En nuestro caso pusimos el despertador a las 2 de la madrugada. La noche anterior nos habíamos ido a acostar pronto y habíamos podido dormir algunas horas. Hay gente que opta por no reservar alojamiento para esa noche, pero nosotros queríamos dormir algo, ni que fueran unas pocas horas. Lo habíamos dejado todo preparado la noche anterior, así que enseguida nos vestimos y salimos. Fuera vimos otros huéspedes de la guesthouse que se estaban preparando para iniciar el ascenso como nosotros. La noche era cerrada, se nos hacía extraño empezar una excursión a aquellas horas intempestivas, era la primera vez que lo hacíamos. El inicio del camino de ascensión estaba justo al lado de la guesthouse, era la única cosa buena que le encontramos, por lo demás era un cuchitril en toda regla. La primera parte del camino tenía una subida muy suave, y discurría rodeado de tiendas con todo tipo de objetos de regalo, la gran mayoría abiertas a aquellas horas. También había algunos pequeños santuarios que daban la bienvenida a los escasos peregrinos que subían (la mayoría eran turistas). Hubo un momento en el que tuvimos vista hacia el Pico de Adán, en el que centelleaban las luces que alumbraban el camino hasta la cima.
Comienzo del sendero de subida al Pico de Adán
A la izq., pequeño santuario. A la dcha. se aprecian las luces que iluminan el camino por la montaña
Enseguida se puso la cosa complicada y empezamos la subida en serio. Desde ese momento hasta la misma cima nos esperaba una serie casi interminable de escalones, mas de 5000. Mucha de la gente que subía iba equipada con linternas o frontales (nosotros no llevábamos ni una cosa ni la otra), pero no era necesario, el camino estaba perfectamente alumbrado por farolas. Aunque no somos unas personas especialmente deportistas, los últimos días habíamos hecho algunas excursiones que teníamos la esperanza que nos hubieran puesto a tono. Pero poco a poco el cansancio empezó a hacer mella en nuestras piernas. Hicimos algunas paradas para descansar y comer algunos frutos secos, ya que habíamos salido con el estómago vacío. Al lado del camino era frecuente ver unas pequeñas edificaciones sencillas donde los locales dormían un poco antes de subir. La subida nos costó mucho esfuerzo, en parte porque los escalones a menudo eran desiguales y tenías que tener cuidado, no podías poner el piloto automático para subir.
Subiendo mas y mas escalones, en plena noche
El último tramo de la subida fue el peor, con algunos tramos de escalera tan inclinados que tenías que ayudarte de las manos para subir. Nuestras piernas estaban hechas papilla, pero el camino no parecía tener fin. Al final, la escalera se divide en un tramo para subir y otro para bajar, con lo que se hace muy estrecha y esto enlentece la marcha. Llegamos al templo que hay en la cima a las 5:45 h, justo cuando iba a amanecer (habíamos tardado algo mas de 3 h en subir). En las escaleras de acceso al templo se agolpaba una gran cantidad de gente que esperaba la primera luz del alba. Nosotros buscamos un hueco como pudimos para poder contemplar aquel espectáculo cotidiano. El horizonte se fue tiñendo de rojo hasta que vimos el primer rayo de sol. Después de tan agotadora subida lo habíamos conseguido, estábamos en la cima del Pico de Adán.
El día empieza a despuntar, y decenas de turistas han subido al pico para ver el amanecer
Primeras luces del amanecer desde el Pico de Adán
Después, toda la gente que había contemplado el amanecer tuvo la misma idea, subir los pocos escalones que hay hasta el templo. Se formó un tapón humano enorme, un atasco de tráfico en toda regla que unos guardas intentaron solucionar. Y finalmente pudimos acceder al recinto del templo. Éste era bastante pequeño, y todo giraba entorno a una pequeña edificación central que albergaba la famosa huella de Buda (o de Shiva o de Adán…), aunque ésta no se acababa de ver. Frente a él había una gran cantidad de gente rezando, la verdad es que el ambiente religioso que se respiraba era único, de gran solemnidad. Descansamos en una especie de gradas en el templo, por donde pasaron unos monjes repartiendo arroz hervido a todo el mundo que lo quisiera. Era muy especiado, pero nos reconfortó. Desde allí había unas vistas increíbles de la región, unas vistas que podíamos empezar a disfrutar gracias a la luz del sol.
A la izq., tapón humano de subida al templo. A la dcha, monjes repartiendo arroz a los pelegrinos
Una vez que salió el sol pudimos disfrutar de espectaculares paisajes desde el templo del Pico de Adán
Peregrinos rezando frente al edificio que alberga la huella de Buda
Faltaba poco para las 7 cuando iniciamos el descenso. Con la luz diurna todo había cambiado, y pudimos disfrutar de unos bonitos paisajes que habían pasado desapercibidos para nosotros durante la subida nocturna. Aun así, la bajada resultó igual de dura que la subida, castigando las partes de las piernas que la subida había dejado intactas. Hay que decir que aunque nos encontrábamos en periodo de peregrinación, no notamos demasiada gente en el camino, ya que la última luna llena había pasado hacía muchos días. Nos sorprendió ver que a aquellas horas todavía subían turistas, les compadecimos por el calorazo que iban a sufrir en su subida. Al planificar el viaje dudábamos si subir de madrugada o no, pero pensamos que fue un acierto hacerlo de madrugada, el agotamiento hubiera sido mucho peor durante el día.
Iniciando el descenso del Pico de Adán
La luz del día nos enseñaba los paisajes que no habíamos visto, o las mismas escaleras por donde habíamos subido
Aunque tardamos menos que en la subida, la bajada se nos hizo muy pesada, sobre todo por las ganas que teníamos de acabar la excursión. Vimos como subían gran cantidad de peregrinos, tan devotos que incluso algunos subían de rodillas. También vimos los porteadores que surtían de mercancías a las tiendas que había por el camino, los pobres llevaban unos fardos pesadísimos que tenían que subir por las inclinadas escaleras. Finalmente tardamos 2 h y media en bajar, con la sensación de que tendríamos las piernas inservibles para los próximos días. Pero satisfechos de haber cumplido nuestro objetivo.
Vista del lago Maussakelle desde la bajada
Bajando del Pico de Adán. A la izq., contentos de haberlo conseguido finalmente
Al llegar a la guesthouse nos sirvieron el desayuno, a base de sándwich de tortilla especiada, pan, un raro estofado de lentejas y mermeladas. No era muy bueno, pero nos lo comimos con muchas ganas. Después descansamos en la habitación hasta la hora del check-out, las 11:30, momento en el que pagamos y abandonamos aquel tugurio. El resto del día iba a ser tranquilo, de recuperación, ya que solo teníamos que viajar hasta Hatton, donde íbamos a hacer noche (al día siguiente teníamos los billetes para el tren hasta Kandy). Fuimos andando hasta la estación de buses de Dalhousie, mas que una estación era un aparcamiento con buses. A diferencia de la ida, había buses directos a Hatton (a la ida tuvimos que hacer transbordo en Maskeliya). En el bus que iba a partir no había asientos libres, así que decidimos esperar al siguiente. Después de la paliza que nos habíamos dado en el Pico de Adán no nos apetecía pasar una hora de pie en un bus. Durante la espera una familia de turistas nos propuso compartir un taxi, pero rechazamos la oferta, no teníamos ninguna prisa en llegar a Hatton y el bus era mucho mas barato. Aunque a última hora nos hicieron cambiar de bus, logramos conseguir nuestros deseados asientos (billete 140 rupias, menos de 1 €).
Tras una hora de traqueteo y sacudidas, llegamos a la caótica estación de bus de Hatton. Paramos un tuktuk para que nos llevara a nuestro alojamiento; no regateamos las 150 rupias que nos pidió, menos de 1 €, ya que bajar para nosotros serían céntimos, pero igual para ellos era mucho. Enseguida llegamos a nuestra guesthouse para aquella noche, la Niwasa House, un poco apartada de todo; nosotros la cogimos pensando que estaba mas o menos cerca de la estación de tren, pero el punto de Booking estaba mal. La habitación entraba en la media de Sri Lanka: básica pero descuidada, con poco mobiliario, paredes desconchadas y limpieza mejorable. El desayuno estaba incluido y era uno de sus puntos fuertes, incluyendo un café buenísimo (toda una anomalía en el país). El precio fue de 20 USD (unos 18 €), un precio correcto por lo que recibimos a cambio.
Nuestra habitación en Hatton
Tras ducharnos y descansar un poco, salimos a dar una vuelta por Hatton. Nos pareció una ciudad bulliciosa, llena de tiendas y comercios. Toda la ciudad rebosaba de actividad, con mucha gente por todos lados y con una legión de tuktuks tomando las carreteras. Se notaba por sus ropas que la mayoría de la gente eran tamiles, que los británicos trajeron desde la India hace un par de siglos para trabajar en las plantaciones de té. Neus estaba encantada, ya que es muy aficionada al Bollywood y pudo comprar cosas de estilo indio en los mercados de la ciudad a buen precio.
Hatton, con sus tiendas tamiles donde Neus curioseó de lo lindo
A la hora de cenar dimos con un restaurante con grandes salones que nos dio buenas sensaciones, el Priyangani Restaurant. En el momento que entramos por la puerta los empleados se desvivieron porque estuviéramos bien. Como David se pidió cerveza para beber, nos dijeron que tendríamos que cenar en el primer piso, no debían tener licencia para vender alcohol (algo usual en Sri Lanka, no todos los restaurantes la tienen). Pedimos pollo frito y arroz con ternera, pero hubo un problema con la comanda: primero nos trajeron un arroz con pollo, y como estábamos tan hambrientos lo atacamos sin darnos cuenta que habíamos pedido el de ternera. Nos dimos cuenta cuando nos llevaron el de ternera, y como no queríamos comer tanto arroz les avisamos del error. Nos trajeron el pollo frito sin problemas, pero además nos querían regalar el arroz de ternera, que rechazamos porque ya estábamos llenísimos. Al final la cena nos gustó mucho, y nos costó 1520 rupias (unos 9 €).
Nuestra cena en Hatton

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