SRI LANKA 6: safari en Yala y llegada a Ella

25 de diciembre de 2016 Aquella jornada hicimos uno de los safaris mas populares de Sri Lanka, el del parque nacional de Yala. Aunque vimos elefantes y una gran variedad de animales, se nos escapó el plato fuerte, el leopardo. Al mediodía iniciamos el largo viaje en bus desde Tissa a Ella, donde llegamos por la tarde, solo con tiempo de descansar un poco e ir a cenar. Aquel día era Navidad, la primera que pasábamos lejos de nuestra familias. Y el hecho de pasarlas en nada menos que Sri Lanka hacía aquel día mas extraño si cabe. Nuestra principal actividad del día iba a ser el safari en Yala, sin duda el mas popular de los muchos que se pueden hacer en el país.
25 de diciembre de 2016
Aquella jornada hicimos uno de los safaris mas populares de Sri Lanka, el del parque nacional de Yala. Aunque vimos elefantes y una gran variedad de animales, se nos escapó el plato fuerte, el leopardo. Al mediodía iniciamos el largo viaje en bus desde Tissa a Ella, donde llegamos por la tarde, solo con tiempo de descansar un poco e ir a cenar.
Aquel día era Navidad, la primera que pasábamos lejos de nuestra familias. Y el hecho de pasarlas en nada menos que Sri Lanka hacía aquel día mas extraño si cabe. Nuestra principal actividad del día iba a ser el safari en Yala, sin duda el mas popular de los muchos que se pueden hacer en el país. Aunque era muy pronto por la mañana, los propietarios de nuestro alojamiento (el Pearl City de Tissa) se levantaron para darnos un desayuno para llevar (muy bueno, por cierto) y nos ofrecieron un poco de te con un bizcocho para que no nos fuéramos con el estómago vacío. Eran el summum de la amabilidad, da gusto estar en un sitio donde te cuidan tanto. A las 6 h nos vino a buscar nuestro jeep privado para hacer el safari, lo habíamos contratado el día anterior por 12000 rupias con entradas incluidas (unos 75 €). En media hora ya estábamos a las puertas del parque, y ya había una gran cola de gente para comprar las entradas. Como hemos dicho antes, nosotros las teníamos incluidas, pero son muy caras, unas 3800 rupias cada turista extranjero (unos 24 €).
Antes de las 7 empezamos a circular por las pistas de Yala en busca de animales. Como en el caso del día anterior, el conductor hacía de guía y paraba cada vez que veía algo. Era increíble ver como al mismo tiempo que iba esquivando los numerosos baches de la pista se iba fijando en los animales. Aunque muchas veces no hacía falta, había tantos jeeps por allí que siempre que había alguno parado era porque había algo interesante. Esta vez, nos dejaron unos prismáticos para poder ver bien los animales. De esta forma pudimos ver abejarucos, pavos reales, mangostas, búfalos, cocodrilos, jabalíes, ciervos…
Algunos de los animales que vimos en Yala
Como en el caso del safari del día anterior, uno de los reclamos mas importantes del parque es su gran población de elefantes salvajes. Tardamos un poco en ver los primeros, ya que en Yala en general la vegetación es mas forestal y densa. Pero a la que salimos a una pradera enseguida vimos algunos en pequeños grupos. Incluso en alguna ocasión atravesaban la pista para vehículos sin hacerlos el mas mínimo caso. A veces había tantos jeeps que tenían que abrir paso para que pasaran los pobres elefantes. Fue chulo verlos tan de cerca, pero vimos muchos menos que el día anterior en Uda Walawe.
Elefantes abriéndose paso entre jeeps
Elefante en Yala
Pareja de elefantes
Si hay un animal que es el rey en Yala, ese es el leopardo. El parque cuenta con una importante población de estos felinos, pero no se dejan ver con facilidad. Nuestro guía nos explicó que solo los había visto un 10% de las ocasiones. ¡Y tenemos que decir que estuvimos cerca de verlo! Íbamos por una pista flanqueada por un bosquete en un lado. El conductor dio un frenazo en seco y miró hacía el bosquete, donde nosotros solo acertamos a ver un pavo real. Pero a tenor del gran interés que tenía el conductor, debía haber algo más. Solo llegamos a oír un sonido de ramas movidas violentamente y ver al pavo real como levantaba el vuelo. El guía nos dijo que entre la maleza había visto un leopardo, que estaba acechando al pavo. Fue una lástima haber estado tan cerca de este fantástico animal y no poder verlo.
El safari duró casi 3 horas, y aunque estuvo bien, no nos gustó tanto como el de Uda Walawe. Habiendo estado en los dos podíamos comparar, y casi todas las comparaciones las gana Uda Walawe. Yala es un parque mas caro, tanto en el precio de los safaris como en el de las entradas. Cuando lees que Yala está masificado no te imaginas lo que te vas a encontrar: decenas y decenas de todoterrenos, llegando incluso a producir atascos de tráfico. Y tanto vehículo dificulta el hecho de ver animales, ya que a menudo están tan escondidos que solo los puedes ver desde un determinado ángulo. Además, hay una diferencia substancial en el tipo de paisaje: en Yala, la vegetación es mas cerrada, dominando unos bosquetes muy densos. Uda Walawe es parecido, pero aclaran artificialmente la vegetación para favorecer la aparición de los pastos que necesitan los elefantes. Eso hace que sea mas fácil ver animales. En nuestra opinión, lo único por lo que vale la pena ir a Yala es poder ver el leopardo, posibilidad que no existe en Uda Walawe.
Atasco de tráfico en las pistas de Yala
Sobre las 11 nos dejaron nuevamente en nuestro alojamiento, donde teníamos el equipaje. Aprovechamos para comer algo de comida que nos había sobrado del desayuno. Aunque era pronto, decidimos ir tirando hacia la estación de buses de Tissa (tuk-tuk 150 rupias, casi 1 €); nos esperaba un largo viaje a Ella, en la región de las montañas, con lo que cambiaríamos radicalmente de paisaje. La estación era un lugar polvoriento y adormilado, con muy pocos autobuses. Nuestro plan era coger un bus a Wellawaya y allí coger otro hacia Ella. Pero en la estación nos dijeron que no había buses directos a Wellawaya, de forma que para llegar a Ella nos harían falta 3 buses. Un tuktukero nos ofreció una alternativa: por 300 rupias (menos de 2 €) nos llevaría a Pannegamuwa, un pequeño pueblo en los alrededores de Tissa, donde paraba el bus directo que va a Ella. Decidimos aceptar, aunque después vimos que los buses que van a Thanamalwila también nos podían haber dejado allí.
Estación de buses de Tissa
En poco tiempo el tuktukero nos dejó en la parada de bus de Pannegamuwa, donde esperamos un buen rato a que viniera el bus de Ella. Cuando llegó vimos que iba tan lleno que había hasta gente de pie en los escalones de las entradas. No sabemos cómo, pero logramos entrar en aquel bus. Neus encontró un hueco cerca del conductor, pero David pasó los primeros kilómetros de viaje con casi medio cuerpo fuera del bus. El viaje no pudo ser mas desagradable, viajando como sardinas enlatadas en un bus con la música a tope y que daba unos enormes frenazos cada vez que alguien solicitaba parada. Hacia mitad del viaje el bus hizo una parada de descanso de 10 minutos, en el que la gente bajó para comprar algo de comida. Intentamos colonizar unos asientos que habían quedado libres, pero luego sus dueños volvieron a subir al bus y nos los reclamaron. Durante el viaje iba bajando y subiendo gente, pero no solo no logramos conseguir algún asiento libre para sentarnos, sino que había tanta gente de pie que no logramos ni acceder a la parte del pasillo del bus, donde era algo mas cómodo.
Tras dos horas y media de horroroso viaje, llegamos a Ella, una de las localidades mas populares de la región de las montañas. Nuestra primera impresión no pudo ser mas favorable: era un pequeño pueblo rodeado de montañas, con un centro lleno de restaurantes y otros servicios para turistas. Aunque esto es algo muy usual cuando viajas por el sudeste asiático, en Sri Lanka era la primera vez que lo veíamos (y a la postre sería la última). Fuimos caminando a nuestro alojamiento ya que estaba cerca en el mapa, pero no contábamos con que había una empinadísima cuesta para llegar. Era la Moonlight Guesthouse, una bonita casa donde el propietario, Kamal, alquilaba un par de habitaciones. La nuestra era bastante espaciosa, aunque con muy poco mobiliario. Tanto el baño como el resto de la estancia estaban bastante limpios (para ser Sri Lanka). El desayuno estaba incluido, y era muy bueno y variado, con fruta, pancakes, tortilla… La ubicación era también muy buena, a 5 minutos caminando al centro, aunque había que superar una gran cuesta. El precio era algo superior a la media de Ella, 30 USD por noche, aunque nos pareció adecuado por lo que recibimos a cambio. La lástima es que justo delante de la guesthouse están construyendo un mega-hotel que en el futuro le tapará las fantásticas vistas que tenía.
Nuestra habitación
Estábamos tan cansados después del infernal viaje en bus que nada mas llegar a la habitación hicimos una pequeña siesta. Después de una merecida ducha caliente, salimos a cenar por Ella. Hicimos bien en abrigarnos un poco, el clima en aquella región era mucho mas fresco que en la costa, incluso frío por la noche. El centro de Ella nos pareció muy pequeño, aunque también muy animado, con bastantes restaurantes donde elegir. Decidimos elegir un sitio que estuviera bien para celebrar como se merece el día de Navidad, y acabamos en el 360 Ella. Era un restaurante grandísimo, con tres plantas y con una terraza, y al ser un día tan especial estaba hasta los topes de gente. Quizás por eso el servicio funcionaba fatal, nos costó lo nuestro que alguien vinera a tomarnos nota (y nos tuvimos que buscar la vida para conseguir por nosotros mismos unas cartas). Pedimos un gran clásico de la cocina ceilandesa, unos roti, un pan plano parecido al burrito que se puede rellenar de diferentes ingredientes. Allí tenían muchos distintos, y nosotros elegimos uno de pollo y verduras, y otro de jamón, queso y tomates. ¡Estaban buenísimos los dos! Junto con un zumo de lima y una cerveza, la cena nos salió por 1640 rupias (unos 10 €), un muy buen precio. Nos gustó tanto aquel sitio que repetimos alguna noche mas.
Nuestra cena a base de roti

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2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Si, verdaderamente es una experiencia única. No tiene nada que ver con verlos en un zoo
      Saludos

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