ITALIA 8: Bolonia (Bologna)

19 de agosto de 2016 Dediqué todo aquel día a explorar Bolonia, la capital de la Emilia-Romaña. Paseé por sus típicas calles con soportales, visité sus interesantes iglesias y sobre todo me impresioné ante la belleza de su Piazza Maggiore, aunque no pude ver uno de sus símbolos mas famosos. Bolonia es una ciudad muy antigua, cuyos orígenes se remontan a los etruscos. Aunque fueron los romanos quienes engrandecieron la ciudad y la convirtieron en una de las mas importantes de la península Itálica. Con el desmoronamiento del Imperio Romano, Bolonia vivió tiempos difíciles en los que diferentes pueblos bárbaros saquearon la ciudad y la redujeron a ruinas
19 de agosto de 2016
Dediqué todo aquel día a explorar Bolonia, la capital de la Emilia-Romaña. Paseé por sus típicas calles con soportales, visité sus interesantes iglesias y sobre todo me impresioné ante la belleza de su Piazza Maggiore, aunque no pude ver uno de sus símbolos mas famosos.
Bolonia es una ciudad muy antigua, cuyos orígenes se remontan a los etruscos. Aunque fueron los romanos quienes engrandecieron la ciudad y la convirtieron en una de las mas importantes de la península Itálica. Con el desmoronamiento del Imperio Romano, Bolonia vivió tiempos difíciles en los que diferentes pueblos bárbaros saquearon la ciudad y la redujeron a ruinas. Mas tarde la ciudad y sus territorios quedaron incorporados al Sacro Imperio Romano-Germánico, hasta bien entrado el siglo XI en que se independizó, rigiéndose por instituciones locales. Esta fue la mayor época de prosperidad de la ciudad, en la que los nobles construyeron altas torres para manifestar su poderío económico. También de esta época data la Universidad de Bolonia, la mas antigua de Europa, que convirtió la ciudad en un verdadero centro de conocimiento. Además, en este periodo Bolonia se contaba entre una de las cinco ciudades mas pobladas de Europa. Pese al impacto de la peste negra, el Renacimiento floreció en la ciudad, atrayendo a grandes artistas. La independencia de Bolonia se acabaría en el siglo XVI, momento en que fue conquistada por los ejércitos de los Estados Pontificios. Éstos gobernarían la ciudad durante mas de 300 años, hasta el siglo XIX, cuando sus habitantes votaron a favor de unirse al incipiente Reino de Italia, el germen del actual país.
Como tenía todo el día para visitar la ciudad, me lo tomé con tranquilidad y no madrugué mucho. El desayuno del Hotel Donatello de Bolonia no era ninguna maravilla, tenía muy poca variedad, pero intenté aprovecharlo al máximo ya que estaba incluido (me sorprendió que valiera 8 € para los que no lo tuvieran incluido en el precio de la habitación). A eso de las 10 me lancé a descubrir Bolonia. Enseguida me di cuenta que aquella era la ciudad mas grande de cuantas había visitado en aquel viaje: mucho tráfico, gran trasiego de gente, autobuses urbanos para arriba y para abajo… Aunque conforme me iba acercando al centro todo se iba pacificando. Recorrí gran parte de la Via della Independenzia, una de las calles principales al norte del casco histórico, que me empezó a enseñar los soportales y los palacios pintados con tonos cálidos tan característicos de la ciudad. De hecho, horas después bauticé mentalmente a Bolonia como la “ciudad de los soportales”.
Via della Independenzia. En la foto de la izq. se ven las Dos Torres
En poco tiempo estaba en la Piazza del Nettuno, donde está la Fuente de Neptuno, el gran símbolo de la ciudad y casi de la región. Aunque desgraciadamente no la pude ver ya que estaba totalmente tapada por trabajos de restauración (que acabaran a finales de 2016). El disgusto se me quitó al entrar en la Piazza Maggiore, la plaza mas importante de la ciudad. Estaba rodeada por fabulosos palacios medievales y por la enorme Basílica de San Petronio. El palacio mas formidable era sin duda el Palazzo d’Accursio, proveniente de la fusión de varios edificios de épocas y estilos diferentes. Aunque es y era la sede del gobierno de la ciudad, sorprende que en la fachada hubiera una escultura del papa boloñés Gregorio XIII (el que instauró el calendario gregoriano). Todos los palacios tenían un gran parecido en su estilo y en sus materiales (casi todos eran de ladrillo), de forma que no era difícil imaginar que habías sido transportado en el tiempo unos siglos atrás.
Piazza Maggiore. En la foto de la izq. destaca el Palazzo d'Accursio 
Piazza Maggiore
El único edificio de la plaza al que entré fue la Basílica de San Petronio (el patrón de Bolonia), esperando encontrar algo diferente a su austera fechada (aunque su portada es muy bonita). El interior no es muy espectacular, pero aquí y allá hay interesantes obras de arte. Aunque lo que mas me gustó fue sin duda los frescos de Giovanni da Modena en la Capilla Bolognini (entrada 3 €), encargada por un rico mercader como capilla familiar. Toda ella estaba cubierta de fabulosos frescos con escenas bíblicas. En la entrada me dieron una audioguía gratuita donde se explicaban de forma amena gran parte de las escenas, me pareció muy interesante todo lo que decía ya que las explicaciones no eran demasiado exhaustivas. Lo que mas me sorprendió fue ver toda una pared de la capilla pintada con el terrorífico infierno según Dante, dominado por un gran diablo de dos cabezas. Me pareció una escena algo aterradora para una capilla de ese estilo… Además, esa representación está rodeada de polémica, ya que uno de los castigados del infierno es Mahoma, lo que ha desatado la ira de la comunidad islámica, habiendo incluso amenazas de atentados terroristas. Es una pena que no se puedan hacer fotos, pero podéis ver algunas imágenes en este blog, en el que se explican los frescos detalladamente (en italiano).
Basílica de S. Petronio, con algunas imágenes de la Capilla Bolognini desde fuera
Salí de la Piazza Maggiore y me lancé a explorar la parte sur del casco histórico. Cerca encontré uno de los lugares mas importantes de la ciudad, el Palazzo dell'Archiginnasio, sede de la Universidad de Bolonia desde el siglo XVI hasta el XIX. Después me arrepentí de no haber pagado la entrada para ver el interior, ya que contiene un anfiteatro anatómico (donde se hicieron las primeras disecciones humanas) y una biblioteca antigua. Sí que entré a la cercana Basílica de S. Domenico (San Domingo), una de las mas interesantes de la ciudad a parte de la de S. Petronio. Aquí están los restos de Santo Domingo de Guzmán, el fundador de la orden de los dominicos. Y éstos no están en cualquier lugar, se encuentran en una arca que es una de las obras de arte mas espectaculares que he visto. Obra de Pisano y de otros artistas como el mismísimo Miguel Ángel, estaba lleno de fabulosos relieves y esculturas que narraban la vida del santo. Y lo mejor de todo es que lo pude ver de cerca… unos segundos. El arca se encuentra en una capilla lateral cuya cancela de metal estaba abierta, de forma que obviamente entré al no encontrar nada que me indicara que no lo hiciera. Al poco apareció un hombre de mal humor que me echó de allí a mi y a un par de turistas mas, parecía que se había dejado la cancela abierta en un descuido. Lo habitual es contemplar el arca desde la barrera, a mas de 50 m de él. ¡Me sentí muy afortunado en poder haberlo visto de cerca!
Palazzo dell'Archiginnasio
Casco histórico de Bolonia
Basílica de S. Domenico, Arca de Santo Domingo
A continuación fui a ver otro de los lugares famosos de Bolonia, las Dos Torres. Son dos de las torres medievales de las muchas que los nobles mandaron construir en la Edad Media para mostrar su poderío. En los siglos sucesivos fueron cayendo en desuso, demolidas o derrumbadas, siendo estas dos las mejor conservadas en la ciudad. Una de las dos, la Torre Garisenda, es mas corta y está alarmantemente inclinada. La otra, la Torre Asinelli, mide casi 100 m de altura, por lo que permite unas fabulosas vistas de la ciudad. Por esta razón pagué los 3 € para subir los cientos de escalones, en un trayecto cansado pero no difícil. Arriba las vistas eran estupendas, de 360º. La mejor vista era la oeste, hacia la Piazza Maggiore, donde se podían ver perfectamente todos sus edificios. Hacia otras orientaciones la ciudad tenía un aspecto bastante homogéneo, con lo que la vista no era tan bonita, pero fijándome pude ver alguna de las iglesias que visitaría después. Las Dos Torres son sin duda uno de los mejores lugares para visitar de la ciudad.
Las Dos Torres (dcha.), la escalera de subida (arriba izq.) y vistas de la cima (abajo izq.)
Vistas de la Piazza Maggiore desde la Torre Alsinelli
Al bajar de la torre pasé por una pizzería para comprarme una pizza al taglio de salchicha riquísima (junto con coca-cola, 3,50 €). Me la comí sentado viendo un espectáculo de teatro callejero que no entendí mucho, toda la ciudad está llena de gente que en cualquier lado improvisa su espectáculo por unas monedas. A continuación fui a pasear por la parte oriental del casco histórico, con calles pintorescas y muy tranquilas para pasear. También hay varias iglesias interesantes, pero tuve mala suerte con ellas. Encontré cerradas las de S. Giacomo Maggiore y S. Maria dei Servi, aunque en este caso pude admirar su bonito pórtico. Sí que pude entrar a la de S. Stefano, conocido como “Sette Chiese”, al ser un conjunto de varias iglesias (aunque en realidad, no hay siete). La primera de ellas la construyó en el siglo V el obispo que se convertiría en S. Petronio, con una réplica del Santo Sepulcro de Jerusalén. Durante 800 años se fueron adosando iglesias y capillas, con lo que es una interesante lección de historia del arte (para saber mas, echad un vistazo a este excelente post de Diario del viajero). Además, el complejo eclesiástico está emplazado en una bonita plaza rodeada de palacios medievales, otro buen motivo para acercarse a dar un vistazo.
Soportales de Bolonia
S. Stefano y su plaza (arriba izq.)
Eran pasadas las 16 h cuando di por acabada mi visita por Bolonia. En general la ciudad me gustó y me resultó interesante, pero quizás no me impresionó tanto como Verona, Ferrara o Rávena. Puede ser que esto se debiera a que no pude ver la principal atracción turística de la ciudad, la Fuente de Neptuno. Pero uno tiene que juzgar por lo que ve, no por lo que hubiera podido ver. Al final estuve 6 horas haciendo la visita con mucha tranquilidad, podría haberla hecho en menos tiempo perfectamente. En este sentido, es una idea a sopesar el combinar la visita de Bolonia con alguna ciudad cercana, Módena sería una candidata perfecta.
Regresé pronto al hotel para descansar un rato y darme una buena ducha. A última hora de la tarde salí a hacer mi última cena en Italia, ya que regresaría a casa al día siguiente. Aquella noche me apetecía cenar algo que no fuera pasta, ya que desde que llegué al país había cenado eso todas las noches. Y tampoco pizza, ya que solía comerla durante el almuerzo. Así que elegí la Trattoria Belfiore, un restaurante familiar con una carta bastante amplia. Pedí una parrillada mixta de carne, patatas hervidas (no las había ni al horno ni fritas) y vino de la casa. Tengo que decir que la cena fue totalmente decepcionante, ya que me sirvieron un plato con las carnes de peor calidad: chuleta de cerdo, pechuga de pollo, bistec de ternera, salchicha… incluso un frankfurt! Me arrepentí no haber escogido la pasta, en Italia es un valor seguro. Al final la cena me salió por 22 €, ya que la parrillada era además uno de los platos mas caros de la carta.
Mi cena en Bolonia

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