ARGENTINA 4: Parque Nacional Tierra del Fuego

31 de diciembre de 2014 Aquella jornada la dedicaríamos por completo a hacer una excursión por el Parque Nacional Tierra del Fuego, un lugar con unos paisajes tan fantásticos que justifican llegar hasta el sur de la Patagonia. Por la noche pasamos un fin de año atípico en la ciudad mas meridional del mundo, Ushuaia. Dormir en una buena cama y unas buenas horas nos sentó de maravilla. Después de dormir en aviones y en una habitación cutre lo necesitábamos realmente. El desayuno del Hotel Austral estaba compuesto de lo que se conoce en Argentina como facturas, un surtido de todo tipo de dulces y tartas, parte fundamental de la primera comida de la mañana (no suele tener alimentos salados). Las reinas de las facturas son las medialunas, muy similares a los croissants, con un sabor muy intenso a mantequilla. Las medialunas son muy fáciles de encontrar por todo el país, y son una forma deliciosa y barata de desayunar.
31 de diciembre de 2014
Aquella jornada la dedicaríamos por completo a hacer una excursión por el Parque Nacional de Tierra del Fuego, un lugar con unos paisajes tan fantásticos que justifican llegar hasta el sur de la Patagonia. Por la noche pasamos un fin de año atípico en la ciudad mas meridional del mundo, Ushuaia.
Dormir en una buena cama y unas buenas horas nos sentó de maravilla. Después de dormir en aviones y en una habitación cutre lo necesitábamos realmente. El desayuno del Hotel Austral estaba compuesto de lo que se conoce en Argentina como facturas, un surtido de todo tipo de dulces y tartas, parte fundamental de la primera comida de la mañana (no suele tener alimentos salados). Las reinas de las facturas son las medialunas, muy similares a los croissants, con un sabor muy intenso a mantequilla. Las medialunas son muy fáciles de encontrar por todo el país, y son una forma deliciosa y barata de desayunar.
Facturas argentinas
El principal objetivo del día era el Parque Nacional de Tierra del Fuego, que alberga bosques patagónicos, lagos, fiordos... que se pueden recorrer por una buena red de senderos, toda una delicia para los excursionistas. Para llegar hay 6 autobuses de ida por la mañana (de las 9 a las 14 h) que salen del centro de Ushuaia (esquina Maipú - Fadul). Nosotros los reservamos a través del hotel, y por el mismo precio (200 pesos por persona ida y vuelta) nos pasaron a recoger por él. Una vez en el Parque Nacional, el bus hace parada en tres lugares, la Ensenada, el lago Roca y la bahía Lapataia, desde donde nacen diferentes senderos. Por la tarde hay 4 buses de vuelta, a las 13, 15, 17 y 19 h (este último no circulaba aquel día al ser fin de año).
Sobre las 9 de la mañana nos pasó a buscar el minibús que habíamos reservado el día anterior. En media hora ya estábamos en la entrada del parque, pagando la preceptiva entrada (140 pesos por persona, unos 12 €). Nosotros bajamos en la primera de las tres paradas, la Ensenada. Nuestro plan era hacer la Senda Costera, un sendero de unos 8 km que va desde allí hasta el lago Roca. Allí enlazaríamos con otros senderos que llevan hacia la bahía Lapataia, donde cogeríamos el bus de vuelta de las 17 h. De manera que antes de las 10 empezamos a caminar por la Senda Costera. Como dice su nombre, este camino va bordeando la costa norte del Canal de Beagle primero, y de la bahía Lapataia después. La primera impresión que tuvimos del paisaje no podía ser mejor: a un lado teníamos la inmensidad del Canal de Beagle, con la parte chilena de la Tierra del Fuego al sur. A otro lado se extendía un enorme bosque de coigües, un árbol propio de las zonas mas frías de la Patagonia y que está emparentado con nuestra haya. El sendero en si no ofrece ninguna dificultad, no tiene mucho desnivel y está bastante bien indicado.
Comenzando la Senda Costera, a orillas del Canal de Beagle
Caminando por el bosque de coigües
Senda Costera, con el Canal de Beagle al fondo
Lo mas bonito de la Senda Costera es el espectacular contraste que ofrecían los bosques de coigües, con las playas, las rocas y el mar. Y parecía que la propia forma del coigüe facilitaba tomar fotos fantásticas, por su bonita forma parecida a los bonsáis (pero en grande). No dejábamos de maravillarnos por cada playa o cala que pasábamos, ¡eran unos paisajes inolvidables! Los tramos del camino que iban por dentro del bosque eran un poco mas pesados, aunque eso nos permitió descubrir la rica biodiversidad patagónica. Una de las cosas mas curiosas que vimos fue el pan de indio, un hongo de forma esférica que parasita el coigüe. Se llama así por que los antiguos indios yámanas lo comían en crudo. La mayoría de los árboles tenían este parásito y por el suelo del camino era fácil verlos cuando se desprendían.
Cala en la Senda Costera
Playa de guijarros
Pequeña bahía
Pan de indio en las ramas de un coigüe
Bosque de coigües
Pequeña playa, uno de los paisajes mágicos de la Senda Costera
Mas adelante llegamos a la entrada de la bahía Lapataia, con lo que el paisaje se enriqueció de montañas nevadas como la del Cerro Cóndor. En esta zona desaparecieron las bonitas playas que habíamos visto, pero la costa rocosa ofrecía también bellas estampas. Luego el camino tuerce hacia el norte y deja la costa, internándose por el bosque. Este es diferente, los coigües dejan paso a las lengas y los ñires, los árboles mas abundantes en los bosques de la mayor parte de la Patagonia andina. Unas 3 horas y media después de iniciar la excursión, llegamos al sur del lago Roca.
Entrada de la bahía Lapataia, con el Cerro Cóndor al fondo
Vista hacia el Canal de Beagle
Bahía Lapataia y Cerro Cóndor
En el lago Roca fuimos al centro de interpretación del Parque, donde había una interesante exposición sobre su flora y fauna y de sus antiguos pobladores, los yámanas. Al salir descansamos un rato mientras comimos frutos secos para llenar algo el estómago. Después nos acercamos a ver mejor el lago Roca, ya que hasta entonces solo habíamos visto un estrecho canal que comunica el lago con la bahía Lapataia. A orillas del lago había un enorme camping, y desde allí había una buena vista de él; nos pareció inmenso, y estaba rodeado por bonitas montañas nevadas. Desde allí sale la Senda Hito XXIV, una larga excursión que lleva hasta la frontera chilena. Pero nosotros decidimos ir hacia la bahía Lapataia, donde podríamos coger el bus de vuelta a Ushuaia.
Lago Roca
Río que drena el lago Roca, con el omnipresente Cerro Cóndor
Para ir hacía Lapataia hay una forma mas o menos directa: caminar por la pista de ripio que usan los vehículos. Sin embargo, cerca de la pista hay unos pequeños senderos que hacen un poco mas de vuelta pero que permiten descubrir lugares muy bonitos. Como teníamos tiempo, nos decidimos por esta segunda opción. El primer sendero nos llevó a descubrir el último tramo del río Lapataia antes de desembocar a la bahía. Nos pareció espectacular, toda una mezcla de ríos, laguitos, bosques y pequeñas calas, por las que además no encontramos ni un alma. Otro pequeño sendero nos llevó a otro ramal del río Lapataia, donde había un mirador con bonitas vistas del conjunto y del omnipresente Cerro Cóndor. El último sendero discurría dentro de un gran bosque y nos llevó al mirador de la bahía Lapataia, aunque las vistas no eran muy buenas.
Bosque al borde del río
Río Lapataia
Bonito mosaico de montañas, ríos, bosques, islas...
Pequeño mirador del río Lapataia
Río Lapataia
Mirador de la bahía Lapataia
Tras una hora y media desde el lago Roca, llegamos a la bahía Lapataia. Aquí es donde acaba la Ruta Nacional 3, la carretera mas larga del país (mas de 3.000 km) y que nace en Buenos Aires. La bahía es realmente un fiordo, rodeado por paisajes que no nos parecieron nada del otro mundo. Faltaba media hora para que el bus pasara a buscarnos, de forma que descansamos un poco contemplando el fiordo. A las 17 h pasó puntualmente, y una hora después ya estábamos en Ushuaia. Esta excursión vale mucho la pena y es apta para todos los públicos, es el mejor recuerdo que nos llevamos de la región de Tierra del Fuego.
Lugar donde acaba la RN3, la carretera mas larga de Argentina
Bahía Lapataia
De vuelta al hotel nos dimos un merecido baño y descansamos un rato. A las 19:30 salimos a dar una vuelta para ver como estaba la cosa para la cena de fin de año. En el hotel nos habían advertido que había muchísima demanda y que los precios se habían disparado (1000 pesos, unos 90 €!), siendo imprescindible reservar. Lo constatamos tras una pequeña prospección de restaurantes, la mayoría estaban llenos o no abrían ese día. Entre los pocos con mesa disponible elegimos el restaurante Kenos, con un menú de 500 pesos (45 €). Realmente ya no tenían sitio disponible, pero como en la planta de arriba tenían una buhardilla, montaron allí unas mesas y albergaron allí a los pobrecitos como nosotros que no tenían sitio para cenar aquella noche.
Empezamos a cenar a las 21 h. De primero había un buffet con varios entrantes fríos, como ensaladilla rusa, carne con crema, matahambre (redondo de pollo relleno), huevos rellenos, ensalada… Todo estaba bueno sin ser extraordinario, aunque había el hándicap que las fuentes con estos platos estaban en el piso de abajo y había que bajar si te querías servir. Después sacaron algunos entrantes calientes como empanadas de carne y pavo al horno. Los platos principales los pudimos elegir, Neus pidió centolla y David cordero patagónico. La carne estaba buenísima, aunque el plato de Neus debía tener tan poca centolla que no se notaba el sabor a marisco. Y de postre un refrescante helado, que no nos pudimos acabar por lo llenos que estábamos.
Buffet de entrantes fríos
Cordero patagónico
Centolla
La buhardilla se fue animando cada vez mas, ya que era donde alojaban a la gente que entraba al restaurante ya cenada y que simplemente quería tomar algo. Cuando se acercó la media noche sirvieron botellas de champan a todo el mundo. En la planta baja tenían un televisor para vivir los últimos momentos del 2014, pero en la buhardilla no. Alguien sacó un móvil con internet y sintonizó una televisión para al menos poder hacer cuenta atrás (habíamos desechado la idea de intentar cumplir con la tradición de las 12 uvas). “¡Three, two, one…!” De esta forma, rodeados de extranjeros como nosotros dimos la bienvenida al 2015, en la ciudad mas austral del mundo. Tenía su morbo… La gente continuó con la fiesta, pero nosotros pagamos enseguida y nos fuimos a dormir. ¡Pasar todo el día caminando en el Parque Nacional nos había dejado baldados!

4 comentarios:

  1. Que paisajes mas bonitos!! me encanta ^_^

    Y bueno, al menos encontrastéis donde cenar jeje ^_^ ha de ser curioso un fin de año fuera! a ver si lo hago algún día!

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    1. Al principio nos pensábamos que se haría alguna fiesta en Ushuaia, algo con alguna cuenta atrás y tal. Pero nos dijeron que el fin de año era una celebración muy familiar en Argentina. Y menos mal que encontramos un sitio para cenar, si no hubiera sido una noche un poco triste...

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  2. Entonces, decís que es sencillo hacer el recorrido por tu cuenta sin perderte?
    Muchas gracias por vuestras recomendaciones. Es un blog muy interesante.

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    1. Hola Ana,

      En la oficina del parque se puede conseguir un mapa esquemático de los senderos. Pero no es necesario, los caminos del parque están bien señalizados y es fácil seguirlos.

      Saludos

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