PERÚ 5: Islas Ballestas & Huacachina

16 de junio de 2013 Aquella jornada hicimos el tour en barca a las islas Ballestas, donde vimos un montón de fauna marina. Después cogimos un bus hacia Huacachina, donde paseamos por su fantástico oasis y practicamos un poco de sandboarding por sus dunas. Aquel día nos despertamos de fábula, habíamos dormido muy bien por la noche. Realmente necesitábamos una cura de sueño después de las noches insomnes en Lima. Tras hacernos un sándwich de desayuno y de recoger la habitación, ya estábamos listos para el tour de las islas Ballestas, que empezaba a las 8 h.
16 de junio de 2013
Aquella jornada hicimos el tour en barca a las islas Ballestas, donde vimos un montón de fauna marina. Después cogimos un bus hacia Huacachina, donde paseamos por su fantástico oasis y practicamos un poco de sandboarding por sus dunas.

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Aquel día nos despertamos de fábula, habíamos dormido muy bien por la noche. Realmente necesitábamos una cura de sueño después de las noches insomnes en Lima. Tras hacernos un sándwich de desayuno y de recoger la habitación, ya estábamos listos para el tour de las islas Ballestas, que empezaba a las 8 h. El día anterior nos habíamos apuntado al tour organizado por el propio Paraca’s Backpackers House, ya que nos pareció muy barato (30 soles por persona, unos 8 €). Éramos un grupo de 14 personas y una mujer nos acompañó caminando al puerto (estaba a 5 minutos). Allí encontramos una gran marabunta de gente, cada grupo con su guía. Un hombre nos cobró los 2 soles de tasa del puerto y después otro los 5 soles de tasa de la reserva natural de las islas. Hicimos cola hacia la zona de embarque junto con otros grupos. Según se iban llenando barcas con turistas, iban viniendo otras vacías, en plan cadena industrial. En nuestra barca nos mezclamos con otros grupos, los cuales quizás no habían pagado lo mismo que nosotros por el tour... Así que para el caso de Ballestas, lo mejor es coger el más barato.
nuestra barca en el tour de las Islas Ballestas
Después de ponernos los chalecos salvavidas, la barca inició su marcha. Al poco de partir del puerto de Paracas tuvimos la primera sorpresa: un delfín se asomó fugazmente entre las olas. El día anterior nos habían explicado que había una sola familia de delfines en la zona y era difícil verlos. Después, la barca nos llevó al norte de la península de Paracas, donde paró para que pudiéramos contemplar el enigmático Candelabro. Era enorme, pero sus líneas eran un poco tenues y depende de cómo costaban de ver. El origen del geoglifo es muy incierto, ni siquiera se sabe su edad: mientras unos dicen que son obra de la cultura Nazca hace casi 2.000 años, otros aseguran que se hicieron en los siglos XVII o XVIII como punto de referencia para los marineros.
El Candelabro
contemplando El Candelabro
Tras un corto periodo mas de navegación llegamos a las islas Ballestas. La gran cantidad de aves marinas que habitan este lugar lo hacen un importante centro productor de guano, un fertilizante natural muy demandado hoy en día por la agricultura ecológica. El día anterior, Walter (nuestro guía en la Reserva Nacional de Paracas) nos había explicado que antiguamente se recolectaba el guano una vez cada pocos años. Pero el fenómeno de El Niño y la sobreexplotación pesquera habían hecho disminuir la población de peces, y a su vez la de las aves guaneras, con lo que se acumulaba una menor cantidad de sus deposiciones.
llegando a las islas Ballestas
Las islas eran relativamente pequeñas, pero una gran nube de aves las sobrevolaba. Sus acantilados estaban teñidos de blanco; al acercarnos más pudimos ver asombrados que se trataba de cientos de alcatraces descansando en sus rocas. Nunca habíamos visto tantos pájaros juntos, era una locura! El guía de la barca hacía explicaciones de la fauna que íbamos viendo en diferentes idiomas, y la barca recorría de cerca la costa para que viéramos bien las aves.
islas Ballestas
bandadas de aves en las islas Ballestas
todos esos puntitos que se ven en el cielo son pájaros!
rocas cubiertas de aves
acantilados llenos de pájaros
La gran mayoría de las aves que pueblan Ballestas son alcatraces, pero también hay cormoranes, pelícanos y zarcillos (nombre peruano para los charranes). Y sobre todo, los que más nos sorprendieron, los pingüinos de Humboldt. No esperábamos encontrar pingüinos en aquellas islas, y tuvimos la suerte de ver un grupo de 6 o 7. En un lado de la isla están las instalaciones que se usaban durante la época de recolección del guano. Como no era el tiempo, estaban totalmente tomadas por los alcatraces.
pingüinos de Humboldt
pingüinos de Humboldt de cerca
alcatraces
instalaciones guaneras tomadas por alcatraces y cormoranes
Lo mejor del tour vino al final: la barca nos llevó a unas rocas cercanas al agua donde reposaban algunos leones marinos. Al principio solo vimos un par, pero nosotros y el resto de tripulantes de la barca estábamos entusiasmados. Luego vimos grupos cada vez más grandes, hasta dar con uno de 8! La barca pasó muy cerca de ellos, a muy pocos metros; algún león marino movió la cabeza perezosamente para mirarnos, pero rápidamente perdieron su interés y siguieron con su siesta. Fue una experiencia increíble.
leones marinos
leones marinos a 5 metros de nosotros!
leones marinos
más leones marinos
El tour de las islas Ballestas nos encantó, es otro de los imprescindibles de un viaje a Perú. Tras dos horas de tour, regresamos al puerto de Paracas. A la vuelta pasamos por la oficina de Oltursa en Paracas para comprar el billete de bus hacia Ica, donde se encuentra Huacachina, nuestro próximo destino. Curiosamente, el mostrador de Oltursa estaba regentado por la misma persona de Carol Travel Adventure, la agencia de viajes con la que el día anterior habíamos contratado el tour por la península de Paracas. Nos dio la opción de ir en el bus de Oltursa hasta Ica (allí tendríamos que coger un taxi hasta Huacachina) o en un minibus directo hasta Huacachina mismo, ambas por 25 soles por persona. Obviamente escogimos la segunda opción. El minibus pasaba a las 11, así que teníamos tiempo de ir tranquilamente al hostal y hacer la mochila. En el minibus conocimos a Ruth y Alba, unas viajeras zaragozana y catalana respectivamente con las que estuvimos hablando sobre los respectivos viajes. Eran muy simpáticas y nos hizo ilusión írnoslas encontrando a lo largo del viaje, en Arequipa, Colca, Puno, Cuzco...
atravesando Ica con el minibus
Tras algo más de una hora llegamos a Huacachina. El minibus fue parando en los alojamientos de los diferentes viajeros, el nuestro, Banana’s Adventure fue el último. Era otro hostal de mochileros, compuesto de una serie de bungalows de madera sin baño, rodeando una zona común con bar y piscina. Todo era un poco cutre y ruidoso por la noche, pero no se puede pedir mucho más por 66 soles (18 euros). Al inscribirnos en el registro vimos que la gran mayoría de gente hospedada allí era de veinti-pocos años; nosotros éramos los abuelos del hostal!
nuestro bungalow en Banana's Adventure
Antes de salir del hostal nos apuntamos al tour de sandboarding que se organizaba allí. Eran 30 soles por persona, nos pareció un buen precio. Se hacía a las 4, así que teníamos un par de horas largas para dar una vuelta por Huacachina y comer. Salimos al paseo que rodea la laguna que hay en el centro del oasis; al otro lado del paseo están los hoteles y restaurantes. Y envolviéndolo todo unas enormes dunas de arena, que parece que escondan el oasis del mundo exterior. Era un sitio hermoso, diferente a lo que veríamos a lo largo de nuestro viaje.
paseo entorno de la laguna de Huacachina
oasis de Huacachina
oasis de Huacachina
oasis de Huacachina, unas horas más tarde con sol
El oasis es pequeño, así que enseguida rodeamos toda la laguna. Luego nos internamos por la arena, para tener una mejor perspectiva del lugar. Ese día era domingo y día del padre en Perú, así que muchos peruanos habían ido a pasar el día allí. Algunos alquilaban tablas para hacer sus pinitos con el sandboarding.
oasis de Huacachina
peruanos haciendo sandboard en Huacachina
Una vez allí nos pareció que habría una buena vista desde la gran duna de arena que limitaba el norte del oasis, y nos pusimos a subir por la cresta de la duna. La ascensión fue muy ardua, caminar por la arena es muy cansado, y llegamos arriba completamente agotados. Pero tuvimos la recompensa que esperábamos, la vista era espectacular! A nuestros pies podíamos ver el oasis de Huacachina, y muy cerca la ciudad de Ica. Al otro lado se extendía inexorable el desierto de arena. Las dunas cercanas al oasis estaban teñidas de un color negruzco, seguramente fruto del intenso tráfico de los buggies de los tours; eso le quitaba un poco de encanto al desierto, y más teniendo en cuenta que se trata de una reserva natural...
vista del oasis desde la gran duna
vista hacia el desierto
oasis de Huacachina
panorámica del oasis, con Ica hacia la izquierda
panorámica del desierto
La bajada de la gran duna fue mucho más fácil, y regresamos al oasis para buscar un sitio para comer. Acabamos en el restaurante del hostal Sol de Ica Nice, donde pedimos bistec a lo pobre y pescado frito. Como suele ser habitual en Perú, los platos eran enormes, con mucho acompañamiento. Estaban muy buenos, esta comida nos salió por 38 soles.
comiendo en Huacachina, bistec a lo pobre (abajo) y pescado frito
Después de comer nos fuimos a digerir un poco la comida a nuestro hostal, mientras hacíamos tiempo hasta que se hiciera la hora del tour de sandboarding. A la hora acordada subimos a los enormes buggies que había frente al hostal, tenían capacidad para 11 personas. La mayoría de ellas eran chicas adolescentoides americanas, pero también había una pareja de mejicanos con la que hicimos buenas migas. El buggie subió y bajó las dunas a gran velocidad, provocando los gritos histéricos y los “Oh, my god!” de las americanas. El viaje se pareció a una montaña rusa, el conductor siempre iba buscando las dunas más altas para bajarlas a velocidades vertiginosas. No es muy apto para cardíacos...
dentro del buggie
buggie del tour
atravesando el desierto
aquí es donde empezamos a hacer sandboarding
espectacular desierto de dunas en Huacachina
El buggie iba realizando paradas para practicar el sandboarding. Éstas eran un buen momento para contemplar el magnífico paisaje del desierto, mucho más auténtico conforme te alejabas de Huacachina. Lo del sandboarding es algo casi obligatorio en el tour, ya que el buggie te deja en lo alto de la duna y te recoge abajo. En teoría, el conductor del buggie nos debía dar unas nociones de cómo usar bien la tabla, ya que en aquel grupo la gran mayoría no las habíamos usado nunca, pero casi no nos enseñó nada. La gente bajaba con las tablas como podía, algunos sentados directamente encima de la tabla. Así es como lo hacía Neus, mientras que David lo intentaba como marcaban los cánones, de pie, ganándose algún que otro revolcón por la arena. A cada parada la dificultad era mayor, las bajadas eran más pronunciadas y muchas veces había que hacer dos antes de llegar al buggie.
Neus bajando en la tabla
dos bajadas nos esperaban antes de llegar al buggie!
David intentando hacer sandboarding y  matarse en el intento
El tour de sandboarding estuvo bien, pero hay que saber a lo que se va: los que pasen miedo en las montañas rusas, abstenerse! También se disfrutan de espectaculares paisajes de dunas lejos de la civilización. Duró mas de dos horas, y regresamos a Huacachina al anochecer. Nos fue bien llevarnos algo de abrigo, ya que al ponerse el sol empezó a hacer frío. Nada más llegar al hostal fuimos rápidamente a ducharnos para evitar las colas que se formarían en las duchas comunes. Teníamos arena hasta en las partes más insospechadas del cuerpo!
Una vez limpios fuimos a tomar algo antes de cenar. Entramos a un bar fuera de la zona más turística, parecía que iban locales, y nos tomamos una Pilsen Callao y un Pisco Sour (16 soles). A la hora de la cena no teníamos mucha hambre, de forma que entramos en la Trattoria Farolitos y pedimos un par de pizzas pequeñas (allí las llaman “personales”), una de cuatro quesos y otra de salchicha huachana. Eran buenas pero de tamaño excesivamente pequeño (16 cm de diámetro), nos costaron 27 soles (7,5 €).
Regresamos al hostal a dormir, pero ya vimos que había mucho ruido y que nos iba a costar. Y eso que las normas dicen que a partir de las 10 de la noche no se puede hacer ruido, pero el bar del hostal es el primero que lo incumple. Al final tuvimos que recurrir a los tapones para los oídos.

2 comentarios:

  1. TODOS SUS RELATOS ME GUSTAN MUCHO, ESTE EXCELENTE IGUAL QUE LOS ANTERIORES NO HE DEJADO DE LEERLOS EXCELNTE

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    1. Muchas gracias! Esperamos que también te sean útiles :)

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