COSTA OESTE DE EEUU 1: llegada a San Francisco

3 de octubre de 2018 Como todos los viajes, aquel empezó con un largo día con muchas horas de avión. Primero, cogimos un vuelo corto hasta Paris, y después uno mas largo hasta San Francisco. Llegamos a la ciudad californiana por la tarde, solo con tiempo de instalarnos en nuestro alojamiento y cenar. Empezaba uno de los viajes que teníamos mas ganas de hacer: ¡la Costa Oeste de EEUU! Casi no nos lo podíamos creer, porque llevábamos varios años queriéndolo hacer y siempre se nos había resistido por una razón u otra. Aquella mañana acabamos de hacer las mochilas y nos dirigimos con tiempo al aeropuerto de Barcelona. Nuestro vuelo a San Francisco lo hacíamos con Air France, con la que ya habíamos viajado alguna ocasión con buenas experiencias. En el aeropuerto vimos que había unas máquinas para hacer el check-in uno mismo, parece que se están poniendo de moda.
3 de octubre de 2018
Como todos los viajes, aquel empezó con un largo día con muchas horas de avión. Primero, cogimos un vuelo corto hasta París, y después uno mas largo hasta San Francisco. Llegamos a la ciudad californiana por la tarde, solo con tiempo de instalarnos en nuestro alojamiento y cenar.
Empezaba uno de los viajes que teníamos mas ganas de hacer: ¡la Costa Oeste de EEUU! Casi no nos lo podíamos creer, porque llevábamos varios años queriéndolo hacer y siempre se nos había resistido por una razón u otra. Aquella mañana acabamos de hacer las mochilas y nos dirigimos con tiempo al aeropuerto de Barcelona. Nuestro vuelo a San Francisco lo hacíamos con Air France, con la que ya habíamos viajado alguna ocasión con buenas experiencias. En el aeropuerto vimos que había unas máquinas para hacer el check-in uno mismo, parece que se están poniendo de moda. Pones tus datos y te imprimen tanto los billetes como las etiquetas de las maletas. Así solo tienes que ir al mostrador a dejar el equipaje, lo que hace el proceso mas ágil.
El primer vuelo salió a las 12:20 h y nos llevó a París, al mega-aeropuerto Charles de Gaulle (CDG), donde teníamos una corta escala de 1,5 h. Ahora estos vuelos cortos los opera Joon, la low-cost de Air France, y para no perder la costumbre de este tipo de aerolíneas salió con algo de retraso. Solo era una hora y media de vuelo, que nos pasó “volando”. En principio íbamos con tiempo suficiente para hacer la conexión, pero el CDG es enorme, incluso tuvimos que coger un bus para llegar a la terminal correcta. Llegamos con el tiempo justo al vuelo de San Francisco, que salía a las 15:55. El avión despegó puntualmente y en aquel momento empezaron unas largas 11 h de vuelo. Como era un vuelo “de día” no nos convenía dormir, para ir acostumbrando a nuestro cuerpo al nuevo horario. Afortunadamente, todos los asientos contaban con una pantalla con todo tipo de contenido multimedia. Nosotros vimos un par de películas, que curiosamente estaban en “español latino”, y que nos ayudaron a pasar el tiempo. Entre ellas sirvieron un par de comidas: primero un “almuerzo” (por calificarlo de alguna forma, ya que cuando estas tantas horas en un avión desaparece el concepto de almuerzo o cena) consistente en risotto de verduras o pollo con salsa de mostaza (a elegir) y horas mas tarde una especie de merienda a base de cereales con salsa de tomate. La verdad es que nos gustaron bastante ambas comidas, e incluso con el almuerzo podías pedir un vino francés la mar de aceptable.
Las comidas que nos sirvieron durante el vuelo a San Francisco
Llegamos al aeropuerto de San Francisco a la hora prevista, a las 18:30 hora local. Los trámites de inmigración fueron bastante rápidos, ya que al tener la ESTA a punto nos dirigieron a la cola que hacían los ciudadanos estadounidenses. La recogida del equipaje fue también rápida, pero por un motivo diferente al normal: al llegar a la cinta de recogida oímos que decían nuestro nombre por megafonía. En el mostrador de información de equipajes nos dijeron que nuestras mochilas se habían quedado en París, y nos pidieron la dirección de nuestro alojamiento para llevárnoslas al día siguiente. Así que íbamos a pasar las siguientes 24 h con lo puesto, literalmente. El fallo también fue nuestro, ya que deberíamos haber llevado en el equipaje de mano una muda y algunos artículos de higiene básicos, como hemos hecho otras veces, pero en aquella ocasión se nos olvidó.
El siguiente paso era conseguir dólares, aunque nosotros ya llevábamos algunos de viajes anteriores. En muchos países es mas práctico cambiar la moneda sobrante local a dólares en vez de a euros. Eso es porque en el caso de los dólares existen billetes de menor valor que en el caso de los euros (1 $ vs 5 €). Hay que tener en cuenta que las casas de cambio solo suelen dar billetes al comprar moneda extranjera y nunca te cambian lo que quede por debajo de ellos. Por tanto, si cambias a euros te sobraran hasta 5 € en moneda extranjera.
Fuimos además a una casa de cambio del aeropuerto donde cambiamos euros con una tasa de 1.01 dólares/€ (el cambio oficial estaba a 1.13). Con dólares en el bolsillo ya nos podíamos ir a San Francisco. La forma más práctica de ir del aeropuerto a la ciudad es en metro, llamado BART. Es rápido y barato, sin embargo tiene el problema que no llega ni mucho menos a toda la ciudad, así que tendríamos que coger después un bus. La estación del BART se encuentra en un extremo de la misma terminal del aeropuerto. Los billetes se tenían que comprar en unas máquinas automáticas, pero no eran nada sencillas: tenías que saber donde te tenías que bajar, y mediante una tabla de precios y paradas, abonar el importe del viaje en la máquina. Y con el atontamiento del viaje nos equivocamos al pagar, y el único empleado de la estación nos tuvo que arreglar el billete (9,60 $ por persona).
Nos bajamos del metro en la estación de 16th St Mission, donde tendríamos que coger el bus nº 49 para llegar al alojamiento. Esperando el bus echamos en falta las chaquetas que teníamos en las mochilas. Una vez en él, compramos en una maquina un par de billetes sencillos (2,75 $ por persona), que había que abonar con el importe exacto. Llegamos sobre las 21 h a nuestro alojamiento, el Van Ness Inn, que parecía externamente un motel de carretera, aunque estaba bastante bien situado (al oeste de Russian Hill y al suroeste de Fisherman’s Wharf). Las habitaciones eran muy sencillas, pero amplias, con un gran baño. El desayuno estaba incluido, aunque era muy básico, a base de bollería industrial que te tenías que llevar a tu habitación en una bandeja. El precio puede parecer desproporcionado, 189 $ por noche (unos 167 €), pero San Francisco es una ciudad muy cara para alojarse, y si quieres tener una ubicación mas o menos buena, tienes que pagar y mucho. Además, a nosotros nos pilló en fin de semana, cuando se incrementan los precios de todos los alojamientos. La verdad es que fue uno de los alojamientos que mas nos costó de elegir, y tras ver los precios y lo que recibimos a cambio nos pareció un sitio recomendable.
Nuestra habitación
Como no teníamos equipaje que deshacer, salimos a cenar algo. En aquella zona no había muchos restaurantes, y a aquellas horas la mayoría ya estaban cerrados. Como no teníamos ganas de ir a una zona con mas oferta, decidimos ir a un supermercado y hacer una cena sencilla en la habitación, aprovechando que había microondas. Así que unos fideos instantáneos, unas patatas fritas y unos muffins se convirtieron en nuestra primera cena en EEUU.
Nuestra primera cena en EEUU

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