GEORGIA 3: monasterio de Vardzia

3 de agosto de 2018 El plato fuerte de aquel día iba a ser Vardzia, un interesante monasterio medieval excavado en la roca. Tras un par de horas de visita hicimos una breve parada en el formidable castillo de Khertvisi y en el de Rabati de Akhaltsikhe, que estaba tan reconstruido que nos pareció demasiado artificioso. Desde allí teníamos un largo viaje de unas 5 h hasta Martvili, en la región de Samegrelo, donde hicimos noche. Aquel día nos pusimos el despertador un poco pronto para aprovecharlo bien. Como el día anterior, cargamos bien las pilas con el generoso desayuno que nos prepararon en Borjomi. Esta vez nos habían hecho pancakes y patatas fritas (nunca las habíamos comido en un desayuno…). Después recogimos nuestras cosas y enseguida nos pusimos en marcha. El principal objetivo de aquella jornada era visitar Vardzia, el fabuloso monasterio excavado en la roca.
3 de agosto de 2018
El plato fuerte de aquel día iba a ser Vardzia, un interesante monasterio medieval excavado en la roca. Tras un par de horas de visita hicimos una breve parada en el formidable castillo de Khertvisi y en el de Rabati de Akhaltsikhe, que estaba tan reconstruido que nos pareció demasiado artificioso. Desde allí teníamos un largo viaje de unas 5 h hasta Martvili, en la región de Samegrelo, donde hicimos noche.
Aquel día nos pusimos el despertador un poco pronto para aprovecharlo bien. Como el día anterior, cargamos bien las pilas con el generoso desayuno que nos prepararon en Borjomi. Esta vez nos habían hecho pancakes y patatas fritas (nunca las habíamos comido en un desayuno…). Después recogimos nuestras cosas y enseguida nos pusimos en marcha. El principal objetivo de aquella jornada era visitar Vardzia, el fabuloso monasterio excavado en la roca. Fue construido por la reina Tamar (uno de los monarcas más famosos de la historia georgiana) en el siglo XII. En principio tenía finalidades religiosas, ya que Vardzia simbolizaba el último bastión cristiano frente a los selyúcidas musulmanes que dominaban gran parte de Anatolia en esa época. Pero al final resultó ser una gran ciudad, construyéndose terrazas agrícolas y viviendas para acoger a la gente que servía a los monjes. Un siglo después de su construcción, un gran terremoto hizo que se colapsaran un gran número de cuevas (por eso se pueden ver hoy en día). Pero Vardzia se rehízo, y continuó habitado hasta el siglo XV, en el que fue abandonado definitivamente ante el avance del Imperio Otomano (que por aquel entonces ya había liquidado al Imperio Bizantino y convertiría a Georgia en un estado vasallo).
Vista de las cuevas excavadas de Vardzia excavadas en un enorme acantilado
Tardamos unas dos horas en llegar a Vardzia desde Borjomi. El viaje fue un poco más lento de lo esperado debido al mal estado de la carretera entre Akhaltsikhe y Khervitsi, con algunos tramos sin asfaltar en los que había que ir muy despacio. El parking de Vardzia era muy pequeño, ya que estaban haciendo obras para ampliarlo, y nos costó encontrar sitio. El precio de la entrada era de 7 laris (unos 2,5 €), y por 1 lari mas te llevaban en un shuttle hasta el pie de las ruinas. Nosotros no dudamos en pagar, ya que teníamos agujetas de la excursión del día anterior, pero es algo que recomendamos ya que si no hay que caminar 1 km por una gran pendiente bajo un calor sofocante. Empezamos visitando las primeras cuevas, que estaban parcialmente descubiertas por el terremoto del siglo XIII. Nos sorprendió que no eran nada toscas, ya que sus paredes estaban perfectamente pulidas y a sus techos les habían dado una forma abovedada perfecta. Nos recordaban mucho a los monasterios y ciudades excavadas en la roca de la Capadocia de Turquía que vimos años atrás. Nos dimos cuenta que solo había una edificación de Vardzia que no estaba excavada en la roca, que era el campanario, suponemos que por motivos de acústica.
Monasterio de Vardzia
Alguna de las cuevas excavadas
Vista de Vardzia
Un poco más adelante llegamos al centro espiritual de Vardzia, la Iglesia de la Asunción (o Dormición). Es un templo que está parciamente excavado, ya que tiene una fachada de piedra que es fácilmente visible desde el exterior. El interior estaba adornado con unos frescos impresionantes, en los que se podía ver una imagen de la reina Tamar ofreciendo Vardzia a la Virgen. De la iglesia salen una red de estrechos túneles que se pueden visitar, que llevan a algunas estancias o a pozos. Esta es la única zona del complejo donde se puede ver como se extendía de forma subterránea y es muy recomendable (muchos visitantes pasan de largo, ya que no está muy bien indicado).
La iglesia de la Asunción y sus túneles (dcha.)
Frescos del interior de la iglesia (en el centro, la reina Tamar ofreciendo el templo a la Virgen)
Esta red de túneles acaba justo al otro lado de la iglesia, que tiene unas vistas fabulosas de Vardzia. Un poco más al este el tramo visitable se acaba e iniciamos el descenso. Justo en ese punto es donde están las cuevas donde viven actualmente monjes, aunque solo unas pocas parecían ocupadas. Al final dedicamos algo más de dos horas en hacer la visita. El sitio nos gustó mucho, aunque nos esperábamos encontrar mas iglesias o frescos, la verdad es que la mayoría de cuevas estaban desnudas. Aun así, nos pareció un lugar recomendable. Para los que no quieran desviarse tanto para ver Vardzia, en Gori hay un lugar similar, Uplistsikhe, que mucha gente visita, pero nosotros no fuimos porque leímos que era menos impresionante que Vardzia.
Vardzia, donde se ve el campanario (hacia la izq.) y la fachada de la iglesia (centro)
A la dcha., cuevas habitadas actualmente por los monjes, y a la izq. las vistas de que disfrutan
Bajando del monasterio de Vardzia
Antes de irnos de allí, descansamos un rato comiendo un par de helados (5,5 laris), aquel acabó siendo uno de los días mas calurosos del viaje. Después volvimos al coche e hicimos los pocos kilómetros que nos separaban del castillo de Khervitsi. Esta es una de las fortalezas más antiguas de Georgia, ya que sus orígenes se remontan al siglo II a.C., aunque su aspecto actual data del siglo XII. Nuestra visita estuvo a punto de truncarse, ya que al aparcar el coche empezó a caer el diluvio universal; habíamos pasado del sol abrasador a una intensa lluvia en cuestión de minutos. Por suerte, al cabo de poco la lluvia desapareció y pudimos salir a verlo. El castillo nos pareció imponente, con dos niveles de murallas, el último con formidables torres. No había que pagar para entrar, pero el recorrido que se podía hacer por dentro era mas bien limitado, así que se veía enseguida. Aun así, es una parada muy recomendable para quien vaya de camino a Vardzia.
Castillo de Khervitsi
Diferentes lugares del castillo
Como íbamos bien de tiempo, al pasar por la ciudad de Akhaltsikhe decidimos hacer una parada para ver el castillo de Rabati. Mas que un castillo es una enorme ciudadela construida en el siglo XII, aunque fue destruida y reconstruida por los otomanos siglos después. En el siglo XIX volvió a sufrir serios daños cuando el Imperio Ruso expulsó a los otomanos de Georgia. A partir de aquel momento, perdió su valor estratégico y cayó en el olvido, convirtiéndose en un montón de ruinas. No fue hasta hace poco, en 2011, que el gobierno georgiano lo reconstruyó profundamente. Y eso fue precisamente lo que más nos chocó: estábamos en un lugar de arquitectura medieval construido con materiales nuevecitos, lo que le daba una pinta muy artificial, como de decorado de cartón piedra. Se podía acceder a una parte de Rabati de forma gratuita, pero para ver la zona que incluye la iglesia y la mezquita había que pagar. Decidimos no hacerlo ya que lo que habíamos visto hasta aquel momento no nos había gustado mucho.
castillo de Rabati
castillo de Rabati
Además teníamos un largo viaje en coche hasta la región de Samegrelo, donde íbamos a hacer noche. Pasamos nuevamente por Borjomi y nos dirigimos hacia al oeste por una carretera con mucho tráfico. A medio camino empezó a diluviar con fuerza, haciendo que el tráfico fuera mas lento. En la zona de Zestafoni pillamos un gran atasco, causado por un accidente de un camión que se había llevado por delante un coche y que cortaba uno de los carriles. Un poco mas adelante llegamos a la autopista, pero nuestra alegría duró poco, ya que se acabó enseguida. En realidad se acabó para los que íbamos dirección oeste, los que iban dirección Tiflis sí que tenían autopista (sería un tipo nuevo de vía, la autopista de un único sentido). Nos desviaron en dirección a Kutaisi, pero a nosotros ya nos iba bien, ya que nuestro destino final era Martvili, un poco mas al norte. En resumen, fue un viaje largo y tedioso que tardamos unas 5 h en completar. Al menos esta vez no nos costó encontrar nuestro alojamiento, el Martvili Newhotel, más que un hotel era una guesthouse con muchas habitaciones. La nuestra era bastante amplia, aunque algo básica, con un baño bastante decente. El desayuno lo pagamos aparte, pero era bastante bueno y abundante, como suele ser habitual. La habitación nos salió por 80 laris en total (unos 26 €), un precio correcto para lo que obtuvimos a cambio.
Nuestra habitación en Martvili
Lo peor del alojamiento era que estaba en los alrededores de Martvili, a cierta distancia del centro. Como además era tarde (las 9 de la noche pasadas) preguntamos por algún sitio para cenar. Nos recomendaron el Katkha, un restaurante a solo 1 km de distancia. De entrante pedimos la ensalada mas típica georgiana, la de pepino y tomate con un aderezo de salsa de nueces. Después pedimos kebab y brocheta de cordero, dos platos de herencia turca. La cena nos encantó, y junto con una cerveza y una limonati de pera nos salió por 30,80 laris (unos 11 €). Lo más curioso fue el ambiente, con música latina y tres señoras bailando sin parar (el alcohol les ayudaba).
Cenando en Martvili

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