CAMBOYA 13: Sihanoukville I (Serendipity Beach)

13 de diciembre de 2017 Aquella jornada abandonaríamos el interior de Camboya para ir hacia la costa hasta Sihanoukville, para disfrutar de sus playas. Nos llevaría gran parte del día llegar hasta allí, ya que tuvimos que coger una furgoneta compartida desde Kampong Chhnang a Phnom Penh y desde allí un bus a Sihanoukville. Llegamos a la localidad costera por la tarde, y aprovechamos lo que quedaba de día para pasear por Serendipity Beach, una de sus playas mas populares. Aquella noche no habíamos dormido muy bien. Sobre las 5 de la madrugada empezó a sonar un fuerte sonido como de alarma, seguido de unos cánticos de monjes por una megafonía. No sabíamos de dónde venía ni que significaba.
13 de diciembre de 2017
Aquella jornada abandonaríamos el interior de Camboya para ir hacia la costa hasta Sihanoukville, para disfrutar de sus playas. Nos llevaría gran parte del día llegar hasta allí, ya que tuvimos que coger una furgoneta compartida desde Kampong Chhnang a Phnom Penh y desde allí un bus a Sihanoukville. Llegamos a la localidad costera por la tarde, y aprovechamos lo que quedaba de día para pasear por Serendipity Beach, una de sus playas mas populares.
Aquella noche no habíamos dormido muy bien. Sobre las 5 de la madrugada empezó a sonar un fuerte sonido como de alarma, seguido de unos cánticos de monjes por una megafonía. No sabíamos de dónde venía ni que significaba. No pudimos pegar ojo hasta la hora de despertarnos. Sobre las 6:30 nos levantamos y preparamos las mochilas para irnos. En aquella ocasión no teníamos desayuno incluido en la guesthouse, y pensamos comprar algo mas adelante. El día anterior habíamos comprado los billetes para ir a Phnom Penh en una furgoneta compartida en la parada de Rith Mony. En principio la furgoneta salía a las 8, pero pensábamos que debían salir furgonetas continuamente conforme se iban llenando. En un tuktuk (1 USD) llegamos rápidamente, y allí nos encontramos con el señor que nos había vendido los billetes el día anterior (nos había ayudado mucho y se acordó de nosotros). Neus compró algo de desayuno en un mercado cercano y nos lo comimos mientras esperábamos la hora. A las 7:45 llegó nuestra destartalada furgo y enseguida llenamos los asientos disponibles. El señor de la estación nos preguntó por nuestros planes y nosotros le explicamos que en Phnom Penh queríamos ir a la estación de Sorya a coger el bus hacia Sihanoukville. Así que le explicó al conductor que nos dejara allí, lo cual nos iba a simplificar mucho el viaje. La verdad es que lo bien que se portaba la gente con nosotros era una tónica general en Camboya, y siempre sin buscar nada a cambio.
El viaje en la furgo fue bien, aunque se iba parando cada dos por tres para coger y dejar gente. Como todos los asientos estaban ocupados, nos tuvimos que apretar bien, llegándose a sentar gente en el estrecho espacio que hay entre los asientos delanteros y la primera fila de asientos traseros. A medio camino hicimos una breve parada, en la que el conductor aprovechó para lavar el vehículo. Finalmente, tras algo mas de dos horas llegamos a la estación de bus de Sorya en Phnom Penh. Los tutktukeros nos asaltaron inmediatamente, pero nosotros fuimos rápidamente a la ventanilla de billetes, ya que vimos que había un bus a Sihanoukville casi listo para salir. Al final todo salió redondo, ya que justo al subir al bus éste enseguida inició su viaje. Como no habíamos dormido muy bien por la noche, aprovechamos para dormir algo en el trayecto. Como es costumbre, a mitad de viaje el bus realizó una parada larga en un restaurante de carretera de la misma compañía. Como nos entró algo de hambre, compartimos un bol de fideos con ternera (2 USD) bastante bueno.
El bus de Sorya y el bol de fideos que comimos en la parada
El bus reemprendió el viaje y lo soportamos como pudimos, ya que los asientos de los buses camboyanos son bastante incómodos. Al menos pudimos disfrutar un poco de los paisajes, ya que por primera vez veíamos montañas y bosques, tras dejar atrás las llanuras agrícolas del centro del país. Tras unas 4.5 h de viaje, llegamos a Sihanoukville, bautizada así en honor al venerado antiguo presidente del país (Norodom Sihanouk). Afortunadamente, la estación en la que acabó el viaje (conocida como Olympic Station) quedaba muy cerca de nuestro hotel. Así que declinamos las ofertas de los tuktukeros y fuimos andando a él. Las dos siguientes noches íbamos a dormir en el Small Hotel, que no hacía honor a su nombre ya que contaba con bastantes habitaciones. La habitación era sencilla, amplia y limpia, con un baño privado y algunos muebles ajados. Para nuestras necesidades resultó correcta. El desayuno no estaba incluido, pero lo podías pagar a parte, y había para escoger un montón de platos de una carta, algunos realmente deliciosos (nunca olvidaremos la tortilla de queso, tomate y jamón dulce que comimos por las mañanas). Lo peor es la situación, ya que está bastante alejado del centro y de las playas, aunque puede ser que alguien lo vea como una ventaja, al disfrutar de mas tranquilidad. Los precios se notaban mas altos que en el resto de Camboya, ya que pagamos 24 USD por noche (unos 20 €).
Nuestra habitación
Eran sobre las 4 de la tarde, y aunque estábamos hechos polvo del viaje y de la falta de sueño, decidimos salir para aprovechar las escasas dos horas que quedaban de luz solar. Cogimos un tuktuk (3 USD, aquí también se notaban los precios altos de la costa) para que nos llevara a Serendipity Beach, la playa mas popular y céntrica de Sihanoukville. Empezamos a pasear por su extremo sur, con un enorme muelle de donde salen los ferrys hacia las islas. La extensión de arena de la playa nos pareció infinita, hasta donde alcanzaba la vista. Un cinturón verde rodeaba la franja de arena, y no eran palmeras sino causarinas, un árbol con aspecto de pino, lo que le daba a la playa un aspecto poco corriente. Lo que no faltaba era infinidad de chiringuitos y bares, y una extensión igualmente infinita de tumbonas y hamacas. Aunque el sitio era turístico a mas no poder, la mayoría de gente que se bañaban en la playa eran locales. No nos llegamos a bañar, pero la playa nos resultó agradable y menos masificada de los que nos pensábamos en un principio. Cuando llevábamos un rato paseando nos sentamos en uno de los muchos chiringuitos para tomar algo mientras disfrutábamos de una bonita puesta de sol. La modernidad había llegado hasta la misma playa, ya que el chiringuito disponía de wifi con una velocidad envidiable.
Paseando por la playa
Serendipity Beach
Disfrutando de la puesta de sol
Cuando se fue el sol decidimos buscar algún sitio para cenar. La playa de Serendipity dispone de montones de restaurantes donde elegir. Abandonamos la primera línea de la costa para huir de los mas caros y acabamos en el Titanic, un pequeño restaurante de comida camboyana. Pedimos unas chuletas de cerdo con salsa agridulce (buenísimas, con la carne super tierna) y barracuda con salsa de limón (de sabor correcto). Junto con las bebidas, la cena nos salió por 9 USD (unos 7 €), un buen precio para lo buena que estaba la comida y lo cara que es la ciudad.
Nuestra cena en el restaurant Titanic

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