SRI LANKA 14: Aluvihara, Dambulla y Pidurangala

2 de enero de 2017 Aquella jornada empezó nuestro recorrido de tres días por las ciudades antiguas del centro del país. Empezamos con el fascinante templo de Aluvihara y las ruinas del Nalanda Gegide. Después visitamos Dambulla, unas espectaculares cuevas adornadas con frescos y esculturas budistas. Y acabamos el día ascendiendo al Pidurangala, una montaña con grandes vistas a Sigiriya, que visitaríamos al día siguiente. Esta jornada iba a empezar una etapa diferente del viaje. Íbamos a cambiar el transporte público por el coche con conductor, la mejor forma de descubrir las ciudades antiguas del centro del país. Después de ver la experiencia positiva de los chicos de Notas de mi libreta viajera decidimos contratar el mismo conductor, Sangeeth (de Sangeeth Lanka Travels).
2 de enero de 2017
Aquella jornada empezó nuestro recorrido de tres días por las ciudades antiguas del centro del país. Empezamos con el fascinante templo de Aluvihara y las ruinas del Nalanda Gegide. Después visitamos Dambulla, unas espectaculares cuevas adornadas con frescos y esculturas budistas. Y acabamos el día ascendiendo al Pidurangala, una montaña con grandes vistas a Sigiriya, que visitaríamos al día siguiente.
Esta jornada iba a empezar una etapa diferente del viaje. Íbamos a cambiar el transporte público por el coche con conductor, la mejor forma de descubrir las ciudades antiguas del centro del país. Después de ver la experiencia positiva de los chicos de Notas de mi libreta viajera decidimos contratar el mismo conductor, Sangeeth (de Sangeeth Lanka Travels). Semanas antes de viajar contactamos con él para explicarle la ruta que queríamos hacer y le pareció bien. Su tarifa nos pareció razonable, 50 USD por día incluyendo la gasolina y su manutención, así que quedamos con él este día. La cosa empezó a ir mal ya el día anterior a la cita, ya que nos informó que “el conductor” estaría en la guesthouse a la hora acordada, cosa que nos mosqueó, ya que las buenas referencias las teníamos de él y por eso le habíamos contratado. Pero le dimos un voto de confianza, quizás había enviado alguien que cumplía con el servicio igual de bien que él. Se llamaba Batia y llegó un poco antes de la hora a la guesthouse. A partir de ahí todo fue mal. No conocía nada de nuestra ruta, pese a que nosotros le habíamos enviado a Sangeeth un planning completo con los sitios que queríamos visitar y la dirección de los alojamientos que teníamos. Además, no sabía ir a los principales lugares turísticos y tenía que ir parando continuamente para preguntar a la gente el camino. Mas de una vez fuimos nosotros su guía usando el gps del móvil. Además aunque le dimos una copia del planning el primer día, en ningún momento se dignó a mirarse por su cuenta como ir a los sitios. Pensábamos que contratar un coche con conductor supondría despreocuparse un poco del viaje e ir mas relajado, pero nada mas lejos de la realidad. Además, a mitad del viaje quisimos ir a un sitio que no aparecía en el planning, mas lejano, y él se negó de malas formas; tuvimos que decirle que llamara el Sangeeth para preguntarle, el cual obviamente nos dio la razón. Y por último, la actitud del mismo Sangeeth no nos pareció honesta, ya que nos tenía que haber avisado que él no estaba disponible ese día y que enviaría a alguien diferente. Dicho sea de paso, si envías a alguien a hacer tu trabajo, asegúrate que sea un buen profesional y no el primero que pase. A la vuelta del viaje le enviamos un mail para protestar y no se dignó a contestarnos. Fue después de enviar un segundo mail amenazando con malas críticas en las redes sociales que nos contestó, llenando un mail con excusas absurdas. En fin, en base a nuestra mala experiencia no podemos recomendar de ninguna forma los servicios de Sangeeth, por eso no ponemos links ni su mail de contacto.
Pero empecemos desde el principio. Aquel día empezó con un buen desayuno en nuestra guesthouse de Kandy, lo mejor para empezar el día. El conductor que nos iba acompañar los siguientes tres días, Batia, se presentó antes de la hora, cosa que nos dejó una buena impresión. Enseguida recogimos nuestras mochilas y las metimos en su coche, un Toyota bastante viejo pero confortable. Batia era un poco parco en palabras, pero nosotros no es que fuéramos los mas dicharacheros del mundo, a veces nos puede nuestro bajo nivel de inglés. Tras una media hora hicimos la primera parada, el templo de Aluvihara (Matale Alu Viharaya), que conserva una serie de fascinantes cuevas monásticas adornadas con frescos (entrada 500 rupias). Las cuevas nos resultaron muy interesantes, estaban completamente cubiertas con frescos y con estatuas y relieves budistas. Todas estaban en muy buen estado, ya que aquel era un monasterio budista todavía activo y se notaba que hacían un buen mantenimiento. Una de ellas estaba adornada con escenas macabras de los castigos que esperaban a los que iban al infierno. Las cuevas estaban semi-excavadas en un acantilado, y una escalera permitía trepar por él para contemplar unas bonitas vistas de los alrededores.
Cuevas de Aluvihara
Entrada de una de las cuevas
Cueva ilustrando la escritura en hojas de palma que se hace en el templo
Después de dar una vuelta por las cuevas, nos acercamos al taller del monasterio. Allí un hombre nos enseñó cómo se hacían los escritos sobre hojas de palma. Sobre una hoja seca se escribía con un punzón, después se echaba por encima carbón y se limpiaba con arena para que quedara fijado. De hecho, este curioso sistema de escritura es lo que hace importante a este sitio. Aluvihara se construyó fundamentalmente como lugar donde transcribir las tradiciones orales del budismo theravada en el llamado Canon Pali. El lugar se convirtió en la biblioteca donde se conservaron estos textos escritos en hojas de palma. Pero desgraciadamente, muchos de ellos se perdieron en un incendio.
Demostración de la escritura sobre hojas de palma
Antes de volver al coche, nos compramos un helado para combatir el fuerte calor que hacía. Nos habíamos acostumbrado demasiado bien en la región de las montañas a un clima mas fresquito. La siguiente sería una parada corta, lo justo para visitar durante un rato las ruinas de Nalanda Gegide. Este es uno de los templos hinduistas mas antiguos del país, construido en una época en que las monarquías del sur de la India rigieron esta parte del país. En si el templo es muy pequeño, es un vestíbulo que lleva a una especie de sagrario más alto. Este está decorado con algunos relieves geométricos y con algunas figuras humanas practicando sexo en posiciones algo raras. De hecho, al principio no reparamos en ellas, pero uno de los locales que había trabajando en la limpieza del lugar nos lo indicó. Nos pareció un sitio interesante, y como viene de camino a Dambulla es fácil hacer una parada.
Templo de Nalanda Gegide
Templo de Nalanda Gegide
A continuación volvimos a la carretera a visitar uno de los lugares mas importantes de esta zona del país, las cuevas de Dambulla. Su origen se remonta al siglo I a.C., cuando un rey ceilandés llegó aquí desterrado al ser destronado. Cuando recuperó el trono hizo construir magníficos templos en las cuevas, adornándolos con estatuas budistas y frescos. Los siguientes reyes continuaron con la tradición, engrandeciendo las cuevas con nuevos elementos o decorando nuevas cuevas. Esta tradición ha continuado hasta el siglo XX, con lo que el lugar se ha convertido en un importante centro religioso. La singularidad de la decoración de las cuevas le valió el título de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
Templos que protegen las cuevas de Dambulla
Llegamos a Dambulla hacia el mediodía, bajo un calor sofocante. El conductor nos dejó en el gran aparcamiento de la base del templo. Para llegar a él había que subir montaña arriba por unas interminables cuestas y escaleras, repletas de vendedores de souvenirs. Cuando llegamos a la entrada nos llevamos una sorpresa agradable, no había que pagar entrada. Habíamos leído que entrar a las cuevas costaba unos 10 USD, una de las entradas turísticas mas caras del país, pero ahora solo se tiene que hacer un donativo voluntario. Para entrar al recinto de las cuevas hay que descalzarse, y con la solana que estaba pegando aquel día las rocas por las que había que caminar estaban incandescentes. La primera cueva que entramos fue la Devaraja Lena o del Rey Divino, y enseguida nos impresionó. Estaba casi totalmente ocupada por un gran Buda reclinado y el resto de paredes estaban adornadas con interesantes frescos. Fue un gran anticipo para la siguiente cueva, la Maharaja Viharaya o Cueva de los Grandes Reyes. Esta es la mas grande y la mas espectacular, llena de estatuas, relieves y frescos de temática budista. El techo de la cueva está completamente decorado con frescos, y su inclinación hacía que fuera posible poder admirarlos mejor cuando el techo alcanzaba su altura mínima. La penumbra reinante no hacía mas que acrecentar la sensación espiritual que se respiraba allí dentro. Había miles de detalles en los que fijarse, así que estuvimos un buen rato explorando la cueva. Sin duda, se trata de uno de los lugares mas impresionantes de todo Sri Lanka.
Cueva de Devaraja Lena
Buda reclinado de Devaraja Lena
Cueva de Maharaja Viharaya
Estupa con budas en Maharaja Viharaya
La siguiente cueva fue la de Maha Alut Viharaya o del Gran Templo Nuevo, construida por uno de los últimos reyes de Kandy. No era tan grande como la anterior, pero en ella parecían refulgir los frescos pintados en el techo con colores cálidos. Todas las esculturas y pinturas, tanto de esta cueva como las demás, parecían mas modernas de lo que eran realmente, ya que estaban muy bien restauradas. Las dos últimas cuevas, Paccima Viharaya y Devana Alut Viharaya, eran mucho menos impresionantes que las anteriores. Así que un buen consejo para visitar Dambulla sería empezar la vista por estas últimas, y acabar con las primeras, que son las mas espectaculares. Nos estuvimos una buena hora contemplando las cuevas de Dambulla, y nos parecieron imprescindibles para cualquier viaje a Sri Lanka.
Devana Alut Viharaya
Paccima Viharaya
Antes de irnos de las cuevas conocimos a una pareja de españoles, la verdad es que en aquel país nos estábamos cruzando con muy pocos y se agradece poder hablar en tu idioma a veces con otra gente. Para visitar aquella parte del país habían alquilado un tuktuk para conducirlo ellos mismos, y parecían contentos con la experiencia. Mientras charlábamos cayó un buen aguacero que refrescó un poco el ambiente, con lo que la bajada se hizo mas agradable. Al llegar abajo nos pasamos por el restaurante que había junto al aparcamiento para comer algo: nuestra comida fue un hot dog, un buen zumo de frutas y unos mangos que habíamos comprado en un puesto durante la bajada (todo 600 rupias, unos 3,5 €) ¡Nos sentó de fábula!
Nuestro siguiente objetivo era la montaña Pidurangala, famosa por tener una de las mejores vistas de Sigiriya, la cual visitaríamos al día siguiente. Hasta ese momento nos había ido bien con el conductor, pero aquí empezarían los problemas. Se notaba a la legua que no sabía ir a Pidurangala, aunque tenía una ligera idea de donde estaba. Empezó a meterse por desvíos que no llevaban a ninguna parte y parando cada dos por tres a preguntar a los transeúntes, mientras que nos daba excusas poco creíbles. Hasta entonces nos había llevado bien a Aluvihara, Nalanda Gegide y Dambulla porque estaban pegados a la carretera principal. Nosotros íbamos controlando la ruta con el gps y al final le tuvimos que guiar para poder llegar a Pidurangala. Llegamos un poco antes de las 4, con el tiempo justo para subir y poder contemplar el atardecer. Para poder subir hay que pagar una entrada de 1000 rupias (6 €). El chico que cobraba era muy simpático, alguien le había enseñado a decir unas cuantas frases en español y las decía con muy buen acento. El primer tramo de la subida se hace por escaleras talladas en piedra, hay muchos caminos pero todos acaban convergiendo. Después llegamos a la base de la montaña, donde hay un bonito buda reclinado. Pidurangala es una enorme mole granítica de roca pura, lo que hace su ascensión bastante complicada. Aunque hay unas flechas pintadas en la roca para ayudar a escalar, es igualmente difícil. Nosotros íbamos bien equipados, con botas de trekking, pero había algunos valientes que escalaban en chanclas playeras, cosa muy peligrosa ya que hay un par de caídas de varios metros.
Entrada a Pidurangalla (arriba izq.), camino de ascenso (dcha.) y buda reclinado (abajo izq.)
Último tramo de escalada hasta la cima del Pidurangala
Finalmente llegamos a la cima de Pidurangala, y todos los problemas para subir se nos olvidaron al ver aquella fantástica vista. Ante nosotros teníamos la montaña de Sigiriya, una mole rocosa parecida a Pidurangala pero en cuya cima hay un importante yacimiento arqueológico. Fijándonos un poco pudimos ver la escalera enganchada en las rocas que hay para subir a su cima. ¡La tendríamos que subir el día siguiente! La vista hacia otros lugares también era bonita, pero el magnetismo de Sigiriya era inevitable. Así que nos sentamos un rato a contemplarla. Tampoco mucho, ya que no queríamos hacer el descenso con poca luz.
Vistas de Sigiriya desde Pidurangala
Vistas desde Pidurangala
Detalle de Sigiriya
Volvimos al coche y fuimos a buscar nuestro alojamiento en Sigiriya, la Pinthu Home Stay. Nos costó lo nuestro encontrarlo, el conductor no sabía por dónde iba (aunque había tenido mucho tiempo para mirárselo, mientras nosotros estábamos en Pidurangala) y la ubicación de Booking no era del todo exacta. Finalmente la encontramos, en una zona a la que se accedía por una pista de tierra y detrás de una casa en construcción. El conductor preguntó para pernoctar allí mismo, pero solo tenían una habitación, por lo que se tuvo que ir a buscar un sitio para dormir. Nuestra habitación estaba bastante bien, era espaciosa y la limpieza era aceptable. El propietario era muy amable, se preocupó en que estuviéramos bien (recordándonos que le hiciéramos una buena review) y nos obsequió con unos plátanos con chocolate de bienvenida. El precio de la habitación (con desayuno) fue de 18 USD, un gran precio por lo que recibimos a cambio, así que nos pareció un sitio recomendable.
Nuestra habitación
Después de descansar un rato y ducharnos, salimos a buscar un sitio para cenar. En Sigiriya no es cosa fácil, ya que no tiene propiamente un centro urbano, todo son casas desperdigadas. Andamos hacia la carretera principal, y allí encontramos la Padmini Lodge & Restaurant, y como no había mucho mas donde elegir nos quedamos. Pedimos pollo frito y una ensalada, que tardaron casi una hora en servirnos. Por suerte la comida era bastante buena, así que no nos importó demasiado la larga espera. Nos fuimos a dormir pronto, ya que habíamos quedado a primera hora de la mañana con nuestro conductor para que nos llevara a Sigiriya.
Nuestra cena

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