INDONESIA 4: templo de Borobudur y meseta de Dieng

30 de junio de 2014 Esta jornada visitaríamos otro de los templos mas importantes del país, Borobudur, donde vimos amanecer. Después fuimos a la meseta de Dieng, donde llegamos a las tantas por el gran colapso de tráfico que había a raíz de las festividades del fin del ramadán. El día anterior habíamos contratado a través de nuestro alojamiento un coche con conductor para esta jornada. Nos había costado 850.000 rupias, mas del doble de lo normal debido a las fiestas del fin del ramadán. El conductor llegó a las 5 de la mañana como acordamos con una puntualidad británica, era un señor de mediana edad que no hablaba absolutamente nada de inglés. Salimos de Yogyakarta de noche, sin apenas tráfico. Tenía una forma de conducir muy agresiva, haciendo luces y pintando a todo bicho viviente que pudiera perturbar su desenfrenada carrera. Después nos dijeron que esta era la forma normal de conducir de los javaneses... Llegamos a Borobudur antes de las 6, hora a la que abrían las taquillas. Allí los extranjeros pagamos 230.000 rupias por persona (mas de 15 €), en cambio los indonesios solo 30.000 (2 €). Al menos, en la taquilla para los extranjeros regalaban botellas de agua, café y té.
30 de junio de 2014
Esta jornada visitaríamos otro de los templos mas importantes del país, Borobudur, donde vimos amanecer. Después fuimos a la meseta de Dieng, donde llegamos a las tantas por el gran colapso de tráfico que había a raíz de las festividades del fin del ramadán.

Ver Indonesia 4: Borobudur & Dieng en un mapa más grande
El día anterior habíamos contratado a través de nuestro alojamiento un coche con conductor para esta jornada. Nos había costado 850.000 rupias, mas del doble de lo normal debido a las fiestas del fin del ramadán. El conductor llegó a las 5 de la mañana como acordamos con una puntualidad británica, era un señor de mediana edad que no hablaba absolutamente nada de inglés. Salimos de Yogyakarta de noche, sin apenas tráfico. Tenía una forma de conducir muy agresiva, haciendo luces y pintando a todo bicho viviente que pudiera perturbar su desenfrenada carrera. Después nos dijeron que esta era la forma normal de conducir de los javaneses... Llegamos a Borobudur antes de las 6, hora a la que abrían las taquillas. Allí los extranjeros pagamos 230.000 rupias por persona (mas de 15 €), en cambio los indonesios solo 30.000 (2 €). Al menos, en la taquilla para los extranjeros regalaban botellas de agua, café y té.
El templo de Borobudur fue construido entre el siglo VIII y IX en medio de un gran misterio. No se sabe quienes lo hicieron ni porqué, pero al final alzaron el mayor monumento budista del mundo. El templo está concebido como un gran mandala, una representación del universo budista. Su base representa el mundo de los deseos terrenales. Sobre ella hay 5 plataformas cuadradas superpuestas que representan el mundo de las formas, al que acceden quienes renuncian a todo deseo. Y finalmente hay tres plataformas circulares que forman la cima y que representan el nirvana, al que toda alma pura aspira a llegar. Para ilustrar todo este proceso, en cada plataforma hay relieves explicativos, mas de un millar en total.
Relieve de Borobudur
Desde lo lejos, Borobudur no nos pareció gran cosa, solo una pequeña colina de piedra. Pero conforme nos acercamos empezamos a flipar: ante nosotros tomaron formas un gran número de figuras de budas y de relieves. Empezamos a subir por el monumento, recorriendo cada una de las plataformas. Están adornadas con finísimos relieves que narran mil y una historias, una pena no poder conocerlas en profundidad. Los relieves mas importantes son los que narran la vida de buda y su camino en busca del nirvana. Fue mágico pasear por aquellas terrazas mientras amanecía, a cada paso encontrábamos algún relieve con una escena especial, budas que eran pozos de paz, gárgolas extrañas... Nos costó bastante tiempo recorrer los cinco primeros niveles por todas las maravillas que veíamos.
Llegando a Borobudur
A punto de subir al templo
Estatua de buda
Relieves y budas en Borobudur
Admirando los relieves de una de las plataformas inferiores
Relieve
Otro fascinante relieve
Había paredes y paredes llenas de relieves!
Detalle de la puerta que daba acceso a la cima del templo
Al llegar a los niveles superiores nos quedamos impresionados ante el gran espectáculo que nos deparaba la cima de Borobudur: decenas de estupas perforadas que rodeaban una mayor, coronando el conjunto. Toda esta parte transmitía una gran harmonía por la simplicidad de sus formas, en contraste con los recargados relieves de los niveles inferiores. Estuvimos un rato deambulando por las estupas que, para nuestra sorpresa, encerraban cada una un buda dentro. Esta parte nos encantó pese a la gran cantidad de turistas que empezaban a aglomerarse allí, la zona mas famosa del monumento.
Estupas de la cima de Borobudur
Estupas de Borobudur, con las montañas envueltas en niebla al fondo
Una de las estupas estaba abierta para ver el buda que había dentro
Estupas de Borobudur
Venir tan pronto fue todo un acierto, por que cuando abandonábamos el templo (sobre las 7:30 h) empezaba a llegar una enorme marabunta de gente. Antes de irnos de allí teníamos que resolver un asunto: el día anterior habíamos perdido nuestra Lonely Planet en Ratu Boko, cerca de Prambanan. Así que acudimos al centro de información de Borobudur para que nos ayudaran. Le explicamos nuestra historia a una empleada que llamó allí y nos dijo que tenían nuestra guía y que podíamos ir a recogerla ¡Que bien! ¡Por fin una buena noticia! Como nuestro conductor estaba por allí, le dijimos a la mujer que le pidiera si nos podía llevar a Ratu Boko antes de volver al hotel. Él accedió... pero a cambio de 100.000 rupias extra. Decidimos aceptar, queríamos recuperar la guía cuanto antes; al día siguiente ya nos marchábamos de Yogyakarta y no tendríamos muchas mas oportunidades. Habrá gente que piense que vaya lio para solo un libro, pero para nosotros la guía es muy importante y muchas veces nos ayudó a que el viaje saliera mejor.
Antes de irnos de Borobudur desayunamos el picnic que nos habían dado en el hotel, todo un detalle por su parte. Eran las 8 pasadas cuando nos pusimos en marcha hacia la meseta de Dieng. El trayecto fue largo, por una carretera que subía y bajaba constantemente y que atravesaba todos los pueblos de la región. Tres horas después hicimos la primera parada en un mirador con una panorámica asombrosa del fértil valle donde se sitúa el pueblo de Kejajar. Las montañas que lo rodeaban estaban casi completamente cubiertas de terrazas donde se cultivaba la patata. Una vista magnífica!
Terrazas cultivadas de las montañas
Vista desde el mirador
Después de un tramo de curvas, llegamos formalmente a la meseta de Dieng. Allí había un control donde nos hicieron pagar 2.000 rupias a cada uno. Conforme nos internábamos en ella, cada vez había mas gente en la carretera. Como era festivo, todos los indonesios de los alrededores parecía que habían venido a pasar el día allí. Pronto la modesta carretera se colapsó de tráfico, y nos costó una hora y media recorrer los pocos kilómetros que nos separaban de la segunda parada. Cuando el conductor estacionó el coche no sabíamos que debíamos visitar allí; simplemente nos dijo algo ininteligible y señaló hacia un sendero que subía montaña arriba. Al principio del sendero nos hicieron pagar 3.000 rupias cada uno, y tras caminar durante unos diez minutos llegamos a un mirador. Teníamos ante nosotros el Telaga Warna, un bonito lago turquesa de origen volcánico que emanaba gases sulfurosos. El contraste entre el lago volcánico y la selva que le rodeaba era francamente bonito. Los lagos de este tipo que habíamos visto en viajes anteriores (como en Islandia) siempre estaban rodeados por paisajes mas pelados y por eso este resultaba sorprendente.

Telaga Warna
Volvimos enseguida al coche, donde el conductor se sorprendió vernos tan pronto. Después averiguamos que el sendero que nos había llevado al mirador continuaba hasta dar toda la vuelta al lago. La verdad es que la falta de comunicación con el conductor nos complicó las cosas. El siguiente punto de interés eran los templos del Complejo Arjuna, pero a esa hora la meseta entera se había convertido un atasco monumental! Aunque solo eran las 13:30, teníamos miedo de quedarnos atrapados en el atasco y decidimos iniciar el regreso a Yogyakarta. La visita a Dieng había resultado un desastre, a parte de los templos también nos faltó para ver el Kawah Sikidang, una zona de fumarolas y de alta actividad volcánica. Lástima que no llevábamos la guía y no sabíamos muy bien qué había para visitar allí. Además, quisimos irnos con tiempo para poderla ir a recuperar a Ratu Boko. Este post de El rincón de Sele muestra lo que no pudimos ver, y además explica muy bien la parte del templo de Borobudur.
El tráfico fue mucho peor a la vuelta. Todo estaba totalmente colapsado de coches, tanto en un sentido de la carretera como en el otro. La caravana duró hasta mucho después de haber dejado la meseta. Nos dio la noche en el coche y nosotros (ni el conductor) habíamos comido nada. Como se nos hizo tan tarde no pudimos ir a Ratu Boko a recuperar nuestra guía (cerraban a las 6 h). Al final acabamos llegando a Yogyakarta a las 9 h; empleamos 8 horas en hacer un trayecto que suele durar menos de la mitad.
A los del hotel les contamos lo de la pérdida de nuestra guía en Ratu Boko para ver si nos podían ayudar. Al día siguiente nos pasaban a buscar a las 8 h los del tour del Bromo y pensamos que podíamos ir a recuperarla a las 6 de la mañana, hora a la que abría Ratu Boko. Debían pensar que estábamos locos… pero nos ayudaron a reservar una moto con conductor para el día siguiente para ir y venir por 150.000 rupias. Esperábamos que todo fuera bien y que pudiéramos recuperar la guía y coger el tour a tiempo.
Cansados de tanto coche, salimos a cenar por nuestro barrio, Prawirotaman. Esa noche había abiertos mas restaurantes que días atrás. Escogimos el Via-Via, el restaurante de la popular agencia de viajes. Pedimos una especie de pasta boloñesa y cap cay (un plato típico de la comunidad china de Indonesia, a base de verduras, marisco y pescado). Los platos eran muy abundantes, y pese no haber almorzado al medio día, no pudimos acabárnoslos. Eran buenos, pero nos esperábamos un poco mas del considerado uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Junto con un zumo de melón y una cerveza Bintang, la cena nos costó 127.000 rupias (unos 8 €). Nos fuimos pronto a dormir al hotel, sin saber todavía el día tan duro que nos esperaría…
Plato de cap cay

4 comentarios:

  1. Qué lago ta precioso!!! Mereció la pena el tráfico. Es una pena visitar Java justo esos días porque hay un montón de horas que hemos perdido en desplazamientos!

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    1. Si, el lago era bonito, pero tantas horas de coche solo para ver un lago no sabemos si compensa... Aquellos dias fueron una locura en cuanto a transportes. En el blog vamos a avisar hasta hacernos pesados que nadie viaje a Java después del ramandan!
      Un saludo

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  2. Preciosos paisajes! lástima lo de no poder hacer todas las visitas y el tráfico U.U
    A ver como acaba lo de la guía!! O.O

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    1. Si, fue una pena no poder hacerlo todo, pero tenemos que quedarnos con lo poco que vimos, que estuvo bien.
      Lo de la guía se resolverá en el próximo post ;)

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