IRLANDA 7: Burren y Moher

Este día continuamos nuestra ruta circular por Irlanda internándonos por una de sus zonas más inhóspitas, el Burren. Allí visitamos los restos prehistóricos de Poulnabrone y de Caherconnel y las cruces celtas de Kilfenora. Después fuimos a ver los Acantilados de Moher, uno de los puntos fuertes de este viaje, los cuales respondieron a nuestras expectativas. Luego nos llevamos un chasco al encontrar cerrado el Castillo del Rey Juan en Limerick. Finalmente dimos una vuelta por el pintoresco pueblo de Adare.
16 de abril de 2014
Este día continuamos nuestra ruta circular por Irlanda internándonos por una de sus zonas más inhóspitas, el Burren. Allí visitamos los restos prehistóricos de Poulnabrone y de Caherconnel y las cruces celtas de Kilfenora. Después fuimos a ver los Acantilados de Moher, uno de los puntos fuertes de este viaje, los cuales respondieron a nuestras expectativas. Luego nos llevamos un chasco al encontrar cerrado el Castillo del Rey Juan en Limerick. Finalmente dimos una vuelta por el pintoresco pueblo de Adare.

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Tras una semana en Irlanda a un ritmo alto, el cansancio empezaba a hacer mella en nosotros, decidimos entonces tomarnos esa jornada con mas tranquilidad (lo cual fue un fallo como veríamos más adelante). Empezamos el día disfrutando del full irish breakfast del College Crest de Galway. Antes de llegar a la región del Burren, el objetivo de esa mañana, decidimos hacer una parada en el camino en Kinvarra para ver el castillo de Dunguaire. Queda justo al lado de la carretera de nuestra ruta, no nos costaba nada parar unos minutos para verlo. Y la verdad es que valió la pena, aunque solo pudimos ver el exterior. Es el típico castillo de un clan irlandés, muy compacto y robusto, construido en una pequeña península. Nos gustó lo poco que vimos, ya que hasta ese momento no habíamos visto muchos de los famosos castillos irlandeses.
Dunguaire Castle
Un poco más tarde llegamos al Burren, una región con unos paisajes totalmente diferentes a todos los que habíamos visto. Se trata de una gran extensión de territorio cubierto por roca caliza, sin árboles, sin pastos, sin vida... El adjetivo “paisaje lunar” nos parece muy adecuado. En muchas zonas lo único que aflora a la superficie es roca pura. En otros ésta se disgrega y permite el crecimiento de algunas hierbas. Es una región muy espectacular, con un gran contraste entre los verdes y fértiles valles cercanos y la aridez de sus rocas.



El Burren
Pese a parecer un desierto de roca, en el Burren hay algunos de los restos prehistóricos más importantes de la región. El primero que vimos fue el Dolmen de Poulnabrone, un monumento megalítico con varios milenios a sus espaldas. La primera impresión que tuvimos al verlo fue de fragilidad: las piedras de su estructura eran tan delgadas que parecía que se iba a caer en cualquier momento. El dolmen estaba levantado en una zona rocosa, de forma que la propia construcción parecía integrada en el ambiente.
Dolmen de Poulnabrone
A poca distancia del dolmen está el Fuerte de Caherconnell, un pequeño recinto amurallado que sirvió de hogar a varias familias de la región. Había un centro de visitantes donde se explica cómo era el fuerte y como los mismos inquilinos lo construían y reparaban comunalmente. La teoría es muy bonita, pero en la realidad, Caherconnell está casi totalmente en ruinas. Lo único que se conserva en pie es el muro exterior y el pavimento de la entrada. El interior del recinto parecía vacío, aunque había algún resto que otro. La verdad es que nos costó mucho imaginarnos como era, la visita fue un poco decepcionante.
Caherconnell, muro exterior
Entrada principal
Uno de los pocos restos dentro del recinto del fuerte
Finalmente fuimos a uno de los sitios más famosos del Burren, Kilfenora y sus cruces celtas. De hecho, esta localidad es conocida por la “ciudad de las cruces” debido a las 7 cruces celtas que había, de las que solo 5 han perdurado en la actualidad. Fuimos hasta la catedral de St. Fachanan donde se encuentran las más importantes. Las tres cruces estan en una pequeña capilla con techo de cristal (originalmente estaban en el cementerio, pero se trasladaron aquí tras restaurarlas). La más importante es la Doorty’s Cross, coronada por un Cristo vestido de obispo. Sus relieves se veían muy desgastados, pero la cruz conservaba todo su misticismo. A su lado estaba la sencilla North Cross, más pequeña y con algunos relieves geométricos. De la tercera cruz, la South Cross, solo quedaba un fragmento con algunos dibujos. A unos metros de la catedral, en medio de un campo donde pastaban las vacas está la última de las cruces que vimos, la High Cross, la más grande de todas, monopolizada por una gran imagen de Cristo. Las cruces de Kilfenora nos gustaron, aunque nos pareció que quedaban por debajo de las de Clonmacnoise o Monasterboice.
High Cross, Kilfenora
Doorty's Cross, y detrás la South Cross
Poco después del mediodía llegamos a uno de los destinos imprescindibles de cualquier viaje a Irlanda, los Acantilados de Moher (Cliffs of Moher). Estos acantilados caen en picado al mar tras 120 m de altura, en algunos lugares incluso desde mas alto. Como es uno de los lugares más visitados de Irlanda, se construyó un gran centro de visitantes, con exposiciones y mucho contenido multimedia, para poder justificar los 6 € por persona que hay que pagar para ver los acantilados. En el susodicho centro de visitantes no nos demoramos mucho, ansiábamos ver los acantilados con nuestros propios ojos. Al principio nos quedamos un poco decepcionados, el primer mirador al que llegamos estaba protegido por un parapeto un poco alto para evitar caídas... pero también restaba mucha vista. Aún así, los acantilados nos impresionaron mucho, sobre todo por que caían directamente al mar, y en ese sentido resultaron ser completamente diferentes de los de Slieve League, que habíamos visto días atrás.

Cliffs of Moher
Hacia al norte había una torre a la que se podía subir para ver mejor los acantilados. Pero nosotros pensamos que la vista no sería muy buena, ya que a esa hora del día los acantilados orientados hacia el norte quedaban a la sombra, y con el sol de cara serían muy difíciles de ver. Así que empezamos a caminar hacia al sur, para ver los acantilados que recibían directamente la luz solar. Fue todo un acierto, no solo por que se veían mejor, sino por que más al sur el parapeto desaparecía y te podías acercar mas cerca del filo del acantilado para verlo mejor. En aquella zona quedamos impresionados por la magnitud de este espectáculo de la naturaleza que es Moher. No podíamos dejar de contemplarlos, de caminar encima de ellos, de hacer fotos... Se nos pasó el tiempo volando.


Cliffs of Moher
Después fuimos a la zona norte, donde estaba la torre, y en su base comprobamos que estábamos en lo cierto, a aquella hora del día desde aquella zona no había buenas vistas. Después de la visita, aprovechamos que en las inmediaciones del centro de visitantes de Moher había unas mesas de merendero para comer nuestra comida de supermercado. La visita a los Acantilados de Moher nos encantó, seguramente es uno de los lugares más impresionantes que vimos en nuestro viaje a Irlanda.
Cliffs of Moher
Al acabar de comer nos dimos cuenta que se nos había hecho muy tarde. El siguiente sitio que queríamos visitar era el Castillo del Rey Juan en Limerick, y solo faltaba media hora para que cerrara! Aunque éramos conscientes que era casi imposible que llegáramos a tiempo, decidimos ir de todas formas esperando un milagro. Cuando llegamos no hubo milagro que valiera, estaba cerrado desde hacía un buen rato. Nos tuvimos que conformar con verlo desde fuera. Toda una lástima, el castillo era fabuloso, con pinta de fortaleza inexpugnable. Suerte que todo un lado del castillo da al río, de manera que desde un puente cercano pudimos verlo bastante bien por afuera.
King John's Castle, Limerick
La última visita del día fue en el pueblo de Adare, muy conocido por sus casas de tejado de paja de estilo inglés. A lo largo de nuestro viaje por Irlanda habíamos visto alguna, pero en Adare es donde vimos más y en mejor estado. Encontrar las casas fue fácil, pues estan una detrás de la otra en la calle principal del pueblo, por donde pasa la carretera nacional. Aparcamos el coche y fuimos a dar un paseo para disfrutar del paisaje urbano. Las casas estaban muy bien cuidadas, con floridos jardines en sus partes delanteras, no nos costó mucho imaginarnos que estábamos en plena campiña. Después de ver las 5 casas que había continuamos andando por el centro del pueblo, donde no había nada de interesante. Adare resultó ser un buen sitio para parar, estirar las piernas y disfrutar de esta peculiar arquitectura popular.



Casas de tejado de paja en Adare
No volvimos a parar hasta llegar a Killarney, donde nos alojaríamos las dos noches siguientes. Habíamos reservado habitación en el Lake Lodge Guesthouse, donde llegamos bastante tarde (pasadas las 20 h). En la casa no estaba la propietaria, así que decidimos esperar un rato para ver si volvía. Cuando ya nos empezábamos a impacientar apareció por allí su marido, que nos regañó por que el check-in era de 14 a 18 h y teníamos que haber avisado. Después de aceptar nuestras disculpas, nos enseñó nuestra habitación, muy grande aunque un poco parca en mobiliario. Lo peor de aquel alojamiento era que estaba un poco alejado del centro de Killarney, donde es imposible aparcar. El precio estaba bien para lo que es Irlanda, 55 € la noche con desayuno.
Nuestra habitación en Killarney
Después decidimos ir a pie al centro de Killarney a cenar (tardamos unos 15 minutos). Allí había mucha oferta de restaurantes, pero como en otros lugares de Irlanda, nos dio la sensación que o eran fast food o eran sitios caros, apenas había establecimientos de precio medio. Al final acabamos en el Salvador’s Restaurant. Neus pidió uno de los productos típicos de la región, los mejillones, en este caso hechos con salsa de Guiness. David se pidió otro clásico regional, el cordero de Kerry. Como la carne necesitaba mucho tiempo de cocina, pedimos como entrante unos trozos de queso brie rebozados y fritos muy buenos. Al final, tanto el pescado como la carne nos gustaron mucho y salimos muy satisfechos. Toda la cena nos costó 48,40 €.
Queso brie frito
Mejillones y cordero de Kerry

4 comentarios:

  1. Pagas por ver los acantilados??? O.O Me que do con Kilt Rock en Escocia...que no son tan altos pero al menos son gratis :S
    Lástima lo del castillo, porque tenía buena pinta ;)
    Saludos!

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    1. Si, Vero, si... Nosotros flipamos un poco cuando nos cobraron, pero es una tónica en Irlanda: te hacen pagar por todo. En Irlanda del Norte también nos hicieron pagar por ver la Calzada del Gigante, es un caso similar.
      Lo del castillo nos dio mucha rabia, fue un error de principiantes no controlar el horario de apertura. Parecía super-chulo por fuera! :\
      Un saludo

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  2. He estado 3 meses viviendo cerca de los acantilados y os recomiendo llegar despues de las 6 de la tarde, a esa hora ya no cobran, y si vas en primavera o verano los dias son muy largos y te da mucho tiempompara diafrutarlos. Yo fui mas de 10 veces porque son impresionantes.

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    1. Es bueno saber que no se paga a partir de las 18 h. Y como dices hay tiempo de sobras para verlos en verano o primavera cuando los días son largos :)

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